Columnistas
Madrugar a morir
Según la Secretaría de Movilidad y la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el 90 % de los accidentes de motociclistas en Cali se da por causas relacionadas con el exceso de velocidad como causa principal
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27 de oct de 2026, 01:26 a. m.
Actualizado el 27 de oct de 2026, 01:26 a. m.
Andrés Felipe Martínez y Evelyn Julieth Moreno, ambos trabajadores del MÍO, son las víctimas más recientes de los accidentes mortales en motocicleta. Se dirigían a cumplir sus turnos para la empresa Blanco y Negro y perdieron la vida en la Calle 70 con Carrera 3 al chocar con un automóvil a las 5 de la mañana del pasado domingo. La cifra de muertos en accidentes con motocicleta ha aumentado de forma dramática este año, superando las cifras del año anterior; a estas alturas del 2026, la cifra de motociclistas fallecidos en accidentes supera el centenar de víctimas.
Según la Secretaría de Movilidad y la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el 90 % de los accidentes de motociclistas en Cali se da por causas relacionadas con el exceso de velocidad como causa principal, el irrespeto a las normas, por ejemplo, cruzar los semáforos en rojo, las maniobras peligrosas como los piques ilegales, principalmente en la vía del mar; circular por lugares prohibidos como andenes y puentes peatonales, conducir sin los elementos básicos de seguridad como casco y chaleco, además de la falta de documentos en regla.
Es común ver a los motociclistas conducir mientras van leyendo el celular y, en otras ocasiones, mientras van consumiendo marihuana, dejando una estela odorífera por donde van pasando. Estos comportamientos no tienen estrato social ni una zona en particular, pero de la Autopista Simón Bolívar hacia abajo, es decir, en el Distrito de Aguablanca, y de la Avenida Circunvalar hacia arriba, es decir, en las zonas de Ladera, las reglas de tránsito para los motociclistas no existen: la prohibición del parrillero hombre no es acatada, ni el uso del casco ni respetar la capacidad de pasajeros que tienen las motocicletas; se pueden ver cuatro y cinco personas circulando sobre ellas por plena Avenida Ciudad de Cali y los agentes de tránsito poco pueden hacer en estos lugares donde se vuelven víctimas de la agresividad de los infractores que creen que pueden circular como les da la gana.
Las horas con mayor accidentalidad son las de la madrugada, donde ocurren el 40 % de los accidentes, y los días con mayor mortalidad son el sábado y el domingo en horas de la noche, cuando el consumo de alcohol, la rumba y el vértigo de la velocidad hacen un cóctel mortal.
¿Qué hacer entonces con estos especímenes tan particulares de la caleñidad? No son todos, pero me atrevo a afirmar que de los casi 300.000 motociclistas que circulan por la sucursal del cielo, un 80 % lo hace de manera imprudente, desconociendo la prudencia y la ley. Los problemas de movilidad, el estado de las vías y la inseguridad también se prestan para que las motos circulen por los andenes, irrespeten los semáforos y circulen a alta velocidad; una cosa lleva a la otra.
Para empezar a solucionar este despelote, en el que según las estadísticas las víctimas madrugan a morir en accidentes absurdos como el del pasado domingo, los fabricantes y comerciantes de motos deben asumir un compromiso mucho más firme con la seguridad vial ya que son actores principales en esta materia y le están entregando a miles de personas un arma que puede ser de autodestrucción sino se es consciente del poder y la responsabilidad que se adquiere al conducirlos.
No basta entregar la moto a cambio del cheque o la transferencia; el comprador debe tomar un curso con el fabricante para adquirir conocimientos básicos de conducción y de comportamiento cuando maneja una motocicleta, firmar un compromiso y las autoridades de tránsito exigirles a los fabricantes la formación de sus compradores en seguridad Vial, las cifras de accidentes en el Valle y en Colombia así lo exigen, urge una ley en el congreso que ponga en cintura a fabricantes y comerciantes que tienen invadido el país de motos. Y las ambulancias y algunas clínicas ahí, como gallinazos, esperando para quedarse con el botín del Soat...

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