Patrimonio bajo riesgo

Escuchar este artículo

Patrimonio bajo riesgo

Noviembre 01, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

A Chiribiquete sí que le cabe el calificativo de tesoro natural. En ese territorio de 4,2 millones de hectáreas, en su mayoría inexploradas, hay un mundo por descubrir y una reserva sin igual a la que se debe proteger de los peligros que la acechan y de las manos criminales que pretenden dañarla.

Hasta hace 32 años, la extensa selva ubicada en el corazón de la Amazonia Colombia entre los departamentos de Guaviare y Caquetá era una tierra perdida, de la que no se conocía su existencia ni la riqueza que albergaba en su interior. Fue en 1987 cuando por casualidad el avión en el que viajaba el entonces director de Parques Nacionales se desvió de su camino y sobrevoló unas montañas rocosas altas y delgadas, con cimas planas, que sobresalían en el paisaje y de las cuales no había referencia en los mapas del país.

Los tepuyes, como se denominaron esas formaciones geológicas que datan de entre 1500 y 2000 millones de años, fueron el primer indicio de la maravilla que estaba por develarse. Desde entonces se sabe que es un edén de fauna y flora, que en su territorio habitan posiblemente una veintena de tribus indígenas que no han tenido contacto con el resto del mundo y que ahí está la que puede ser la muestra conservada de arte rupestre más grande del planeta, con entre 70.000 y 250.000 dibujos pintados desde hace 12.000 años.

Razón tuvo la Unesco al declarar en el 2018 a Chiribiquete como Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad, lo que implica que Colombia, con apoyo internacional, debe garantizar su conservación tal y como está. Con ese propósito y para saber más sobre lo que guarda esa gran selva, se hizo el año anterior una exploración que permitió inventariar 1676 especies animales, 32 de ellas nuevas para la ciencia, y 2138 de flora. A ellas se suman otras 328 encontradas en este 2019, varias de ellas endémicas y un par desconocidas hasta ahora, como lo reveló el estudio publicado esta semana.

Permanecer oculta por millones de años fue lo mejor que le pasó a Chiribiquete para no sucumbir a la depredación feroz que arrasa con la Amazonia. Pero hoy sus fronteras están bajo amenaza. Si antes del 2017, año en que el gobierno nacional extendió el área de protección de la reserva, se habían detectado 32 hectáreas deforestadas, hoy ese número supera las 2500. Un crimen ambiental que tiene su origen en la expansión ilegal de tierras tanto para actividades agropecuarias como del narcotráfico.

Esos son los enemigos que asechan a Chiribiquete, a su riqueza natural excepcional y a tribus como los carijona y los murui, habitantes del sur de la región que han evitado todo contacto con el resto del mundo desde el descubrimiento español, y hoy están en peligro de ser extinguidos. Contra esos enemigos hay la obligación de luchar con denuedo para conservar la reserva ambiental más grande de Suramérica, sus ecosistemas únicos y las culturales milenarias que hasta ahora han sobrevivido gracias a su aislamiento a la feroz ambición humana.

Por supuesto se necesita que el Estado invierta en protección, que las autoridades hagan un control eficaz y se castigue a quienes ocasionan el daño. Pero la responsabilidad es de todos colombianos que como sociedad deben respetar y hacer respetar el que es uno de sus más invaluables tesoros natural y cultural.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS