Los ríos de basura

Los ríos de basura

Junio 07, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Las isla de basura de 18 kilómetros de longitud que apareció en las playas de Puerto Colombia, Atlántico, dejó al descubierto cómo los ríos colombianos se han convertido en cloacas a las que van a parar toda clase de desechos. El problema le compete a todo el país y estará sin solución mientras ciudadanos y autoridades no asuman su responsabilidad.

No es la primera vez que los desperdicios arrastrados por el río Magdalena terminan en el mar Caribe, pero sí ha sido la más visible por la conjunción de situaciones que se presentaron en las semanas recientes. Si al cúmulo de basuras que reciben los afluentes hidrográficos a lo largo de su recorrido se le suman un invierno como el actual y unas corrientes marinas propicias, todo lo que las aguas encuentran a su paso termina en el océano. Y eso fue lo que sucedió.

A las playas de Puerto Colombia llegaron entre el 30 y el 31 de mayo 17 mil toneladas de madera, plástico, muebles, ropa, electrodomésticos. Es decir, todo lo que durante al menos un mes se tiró directamente al cauce del Magdalena y al de los ríos que desembocan en él; lo que se dejó en tierra firme y fue arrastrado por los aguaceros; lo que va a dar a los canales de aguas lluvias de las ciudades o a sus alcantarillados.

¿De quién es la culpa? De todos. Son responsables los 120 municipios y los nueve departamentos por los que pasa el Magdalena desde su nacimiento, más los 180 que están en el recorrido del río Cauca antes de llegar a su desembocadura, así como las poblaciones en las riberas de sus afluentes. Son igualmente responsables la minería ilegal, quienes talan bosques sin permiso, las Corporaciones Autónomas Regionales y las autoridades ambientales nacionales por no hacer lo que les corresponde, y, a la par de todos ellos está cada colombiano que no tiene conciencia del daño que causa cuando bota a la calle su basura.

Hoy se le ha dado la primera página a lo que sucede en nuestra Costa Caribe, pero no hay que ir tan lejos para comprender la dimensión del problema. ¿Cuántas toneladas de desperdicios se recogen en el río Pance cuando se hace una campaña de recolección? ¿Cuál de los siete ríos de nuestra ciudad se salva de la contaminación? ¿No se sacan a diario 111 toneladas de desechos de los canales de aguas lluvia en Cali y pese a ello se inunda cada vez que cae un aguacero? ¿Y qué pasa en el Pacífico vallecaucano, donde los ríos vomitan el mercurio de la minería ilegal?

La responsabilidad de la contaminación a la que se está sometiendo a los ríos y mares de Colombia recae sobre todo el país. Para darle solución se necesita de unas políticas públicas, unas leyes y una Justicia efectivas que metan en cintura a quienes causan semejante daño. También de unas entidades ambientales que cumplan con la función que se les encomendó y unos gobiernos locales y departamentales que se comprometan con la protección del medio ambiente.

Pero al principio de la cadena está un colombiano, aquel que tira la basura en la calle, bota el colchón al río o es indiferente a la muerte lenta a la que se somete a diario a sus ríos, a sus playas, a sus océanos. A él es a quien hay que educar.

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