Las riquezas del Valle

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Las riquezas del Valle

Mayo 15, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Todo vuelve a su cauce cuando las condiciones son propicias. Sin contaminación, sin ruidos, con la calma reinando y sin su depredador natural rondando, los animales silvestres del Valle del Cauca han retornado a sus hábitat. ¿Será posible mantener ese respeto por la naturaleza y convivir en armonía con el entorno, una vez regrese la normalidad?

Las huellas encontradas en las veredas Los Alpes y La Judea, en el corredor que conduce al Páramo del Duende, no dejan dudas: una mamá osa y su cría se pasean a diario por la zona, alimentándose de hojas y cogollos del plátano que los campesinos tienen sembrado en sus parcelas. Hacia el sur, entre Buga y Cerrito, subiendo al Páramo de las Domínguez, los lugareños han observado a varios osos andinos, como también se le conoce a esa especie en vía de extinción, caminar tranquilos, sin que nada las atemorice.

Si en las altas montañas son los osos, en Cali aparecen los zorros que se pasean por las calles solitarias, los guatines que llegan hasta los jardines de las casas o los monos aulladores que en manada atraviesan las vías rurales de camino hacia sus refugios. Y como ellos, cientos de aves que no habían vuelto se atreven ahora a adentrarse en el corazón de la capital del Valle, a posarse en sus árboles, a trinar con energía.

Historias como estas se cuentan a diario en las redes sociales desde hace seis semanas y no por coincidencia. Es la naturaleza que aprovecha estos tiempos de confinamiento para avisar con su presencia que siempre ha estado ahí cerca, que es posible convivir de manera armónica con ella si se respetan sus espacios y se le protege. Cuando se comprende esa sinergia es cuando cobra importancia el trabajo que se hace para cuidar las cuencas hidrográficas del departamento, la necesidad que hay de reforestar nuestras montañas, de recuperar los ecosistemas propios donde está uno de los patrimonios más importantes de este Valle del Cauca.

De vuelta a la normalidad, lo que se irá dando de manera paulatina en las próximas semanas o meses, deberíamos como sociedad comprometernos a proteger esa riqueza que nos brinda la naturaleza.
Para ello hay que apoyar las iniciativas y el trabajo de las entidades ambientales de la región, encargadas de diseñar las estrategias que garanticen la conservación y restauración ambiental en el departamento, así como de vigilar que se cumplan las disposiciones.

Y hay que alentar la labor de las pequeñas organizaciones y fundaciones que trabajan en el campo, al lado de las comunidades, educando a la población desde las escuelas para que se conviertan en los vigilantes y garantes de esos recursos naturales, mientras sirven de puente y medio de comunicación con las entidades gubernamentales. De su trabajo, silencioso y efectivo, debería tomar ejemplo toda la sociedad.

La naturaleza en el Valle está diciendo que somos parte de un todo, que si bien cada uno tiene su propio espacio es necesario vivir en armonía, con respeto, cuidando el entorno porque los beneficios son colectivos.
Ojalá cuando la emergencia pase y la rutina regrese a ciudades y campo, esos osos de anteojos sigan caminando por sus corredores ecológicos, los guatines y los micos aulladores puedan pasear tranquilos por las vías veredales y los humanos continúen deleitándose con los cantos de las aves.

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