La nueva amenaza

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La nueva amenaza

Agosto 30, 2019 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Dorian es el nombre de la nueva amenaza que se cierne sobre el sureste de los Estados Unidos. La que comenzó como una tormenta tropical ya es un huracán de categoría 3 que tocará tierra a principio de la próxima semana y puede convertirse en otro monstruo letal que arrase todo a su paso. Hoy hay incertidumbre sobre si esta será una temporada de ciclones más fuerte e intensa que la anterior, como viene sucediendo en los años recientes.

Si se mira en retrospectiva, la magnitud y el impacto de los huracanes que se forman en el Caribe y se desplazan hacia el Atlántico Norte, al igual que los del Pacífico o los que arrasan en Asia, han ido en ascenso. Si bien son fenómenos naturales habituales en el Planeta en esta época del año, su poder destructivo se ha intensificado y no hay que ser experto para entender que la razón está relacionada con los efectos del cambio climático, así algunos lo nieguen.

El ejemplo es Dorian, una tormenta que en principio se pensó que tocaría con una fuerza superior la isla de Puerto Rico y parte de República Dominicana, pero que cambió de rumbo y bajó la intensidad debido al polvo del africano desierto del Sahara que se desplazó hacia el Caribe, frenó su desarrollo inicial y ‘desorganizó’ su ruta. Cuando se pensó que seguiría en calma, retomó su fuerza y comenzó a tener un desplazamiento errático que hoy tiene en incertidumbre a los meteorólogos.

En los próximos días el huracán puede o no tocar a las Bahamas y causar, o no, una destrucción total si alcanza la categoría 4. Es posible que entre al estado de la Florida un poco más al norte de Palm Beach o que dé un giro irracional que lo lleve al sur, a Miami Beach y acabe con todo a su paso, en especial con los distritos más antiguos en los cuales hay construcciones centenarias que no tienen la estructura para aguantar la arremetida ciclónica. O su ruta loca lo puede desplazar mucho más al norte y afectar las Carolinas. Nada se sabe, nada se puede prever.

Desde 1970 los desastres naturales se han cuadruplicado en el mundo y la razón no es otra que el cambio climático. El calentamiento global es innegable, como lo han demostrado las temperaturas extremas del actual verano en el norte del Planeta, donde los termómetros han llegado a 64 grados centígrados en el Medio Oriente o a 46°C en Europa. A principio del año eran las bajas temperaturas las que congelaban a la mitad de la Tierra. En el 2017 por esta época pasó lo impensable: cuatro huracanes de categoría 4 y 5 azotaron en menos de un mes al Caribe y a Norteamérica. Y así puede seguir la lista.

El futuro no será mejor si se siguen ignorando las razones que han llevado al mundo a vivir las tragedias naturales actuales. Ni se podrá cambiar esa realidad mientras el abuso contra el medio ambiente siga imparable como hasta ahora. La incertidumbre será cada vez mayor, la posibilidad de prever o detener los desastres será menor, y el impacto de fenómenos como Dorian será imprevisible.

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