Generosidad y convivencia

Generosidad y convivencia

Noviembre 22, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Ante la tragedia humanitaria que padece Venezuela y los estragos que soporta su población, Colombia ha abierto sus puertas y sus brazos para acoger a quienes son víctimas del desastre causado por la dictadura en su país. Pero también debe tener cuidado sobre las consecuencias que tendría una migración tan inesperada como enorme, que puede causar serios traumas en nuestra Nación.

Mucho se ha dicho, se ha escrito y se ha actuado en favor de los venezolanos que llegan en busca de oportunidades o caminan en tránsito hacia otros países del continente. Durante varios años ya, los colombianos nos hemos dedicado a ofrecer ayuda y apoyo a nuestros vecinos, sin cálculos mezquinos y movidos por la solidaridad que despiertan quienes sufren un drama cuyas causas son tan absurdas como que su gobierno pretende expulsar la mayor cantidad posible de sus nacionales para reducir la presión social que desencadenan la ruina y las carencias de una nación que debería ser la más próspera.

Tan amplio es el gesto de generosidad que hoy es difícil saber cuántos venezolanos en condición de refugiados están en Colombia. Y aunque se ha recibido ayuda de la comunidad internacional, lo cierto es que nuestro Estado está asumiendo el costo de ese apoyo en salud, en alimentación y en alojamiento a una nueva población que se calcula entre uno y dos millones de seres humanos de todas las edades y condiciones.

A las autoridades nacionales tanto como a la comunidad internacional debe quedarles claro que esa avalancha de personas que demandan servicios, trabajo y espacio para vivir no es pasajera, y que nuestro país debe estar preparado para atenderla por un período largo, en la medida en que no cambien las condiciones de Venezuela y el régimen que origina la tragedia. Lo cual implica en primer lugar el tomar medidas de fondo que permitan mantener la convivencia y ofrecer alternativas a quienes llegan en busca de refugio.

Ello implica también crear reglas de juego para los que hoy son refugiados. Lo que quiere decir que no pueden ser aceptables los desórdenes que se presentaron en el campamento construido en Bogotá para albergarlos, o la alarmante invasión que se está presentando en los espacios públicos alrededor de la Terminal de Transportes, la Estación y las bodegas del Ferrocarril en Cali.

Son miles de personas que pueden causar reacciones entre la población colombiana que puede sentirse amenazada o reaccionar si no hay medidas y actitudes que eviten los problemas que se están incubando. Más aún, cuando nuestro Estado padece serias limitaciones para atender los problemas de pobreza, desempleo y falta de oportunidades para una porción importante de colombianos, una razón más para preocuparse.

Por supuesto, es necesario mantener ese espíritu generoso y abierto que ha demostrado Colombia al recibir a los venezolanos, a pesar de las limitaciones, así como el llamado a la comunidad internacional para que apoye el esfuerzo que demanda su atención. Pero también es importante tomar decisiones que se anticipen o resuelvan los conflictos que se puedan desencadenar.

VER COMENTARIOS
Columnistas