Firmeza contra la anarquía

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Firmeza contra la anarquía

Mayo 03, 2021 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Siete días lleva Cali azotada por la violencia, los bloqueos y el desafío que se ha agazapado detrás de la protesta social. Ya es hora de terminar los cierres que afectan a la ciudadanía, mientras se buscan salidas democráticas a la crisis que aqueja a la institucionalidad en Colombia.

La pesadilla se refleja en la destrucción de decenas de buses del Sistema de Transporte Público, en loa edificios y monumentos atacados y en los negocios particulares que han sido asaltados de manera artera por quienes siembran el caos. Y en la preocupación que expresan los caleños ante las respuestas erráticas y confusas de sus autoridades municipales, que decretan un día cívico después de la caída de la reforma tributaria mientras las calles se llenan de bloqueos y manifestaciones exigiendo más y más cosas en las cuales la ciudadanía no tiene incumbencia alguna.

El resultado de esa constante y persistente toma de los espacios públicos se refleja en la escasez que empieza a presentarse en artículos de primera necesidad como los combustibles, en el desabastecimiento de los supermercados y tiendas y en el cierre obligado de negocios que son rodeados por manifestantes. Es una anarquía donde los ciudadanos son rehenes de las vías de hecho, mientras la Fuerza Pública es objeto de asedios y de dificultades que obstaculizan el cumplimiento de su labor.

Así mismo, las carreteras del Valle registran decenas de bloqueos similares a los que se producen en las entradas de la capital vallecaucana. El resultado, además de la creciente zozobra, es la parálisis de las empresas y la amenaza que se cierne sobre industrias vitales para la cadena alimenticia en la región y en Colombia como la porcina y la avícola, y la sensación de impotencia que ya genera rechazos de los sectores sociales afectados por la injusta y aberrante parálisis.

Es el caos que parece imponerse sobre la sensatez que reclama la sociedad para poder vivir en forma tranquila, además de los mensajes equívocos que significa la falta de decisiones para cesar lo que es un verdadero atentado contra la democracia. Aquí nadie se ha opuesto a la protesta social contra propuestas como la reforma tributaria, como lo demuestra el anuncio de su retiro y el llamado del presidente Iván Duque al diálogo de todas las fuerzas políticas para encontrar salidas a la grave situación de las finanzas públicas.

Sin embargo, lo que el Primer Mandatario y la sociedad colombiana, en especial la de Cali y el Valle, han recibido a cambio, es el aumento de hechos que desconocen derechos elementales de la inmensa mayoría de sus habitantes. Ese desafío debe terminar, ojalá con el diálogo que permita encontrar consensos para superar las diferencias que causaron el malestar.

Las instituciones deben cumplir hoy el papel que les asignó la Constitución Nacional como defensoras de la vida de los colombianos y protectoras del orden que hace posible la convivencia. Ese es el llamado angustioso ya de caleños y vallecaucanos, quienes ven amenazados el Estado de Derecho y la tranquilidad, a manos de la insensatez que los extorsiona con los bloqueos.

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