El cambio es cultural

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El cambio es cultural

Diciembre 16, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Catorce días de discusiones sobre el cambio climático y los resultados de la Conferencia de las Partes, COP 25, celebrada en España, fueron lamentables. Con ello se demuestra que la cumbre de cada año para comprometer a las Naciones con medidas que garanticen la preservación del medio ambiente es solo un formalismo, y que el mundo no tiene idea para dónde va.

Decir que los pocos consensos alcanzados fueron insuficientes, débiles e insatisfactorios, es quedarse cortos. Si algo demostró el encuentro al que acudieron representantes de los 200 Estados que hacen parte de la COP y firmaron hace cuatro años el Acuerdo de París, es que a la discusión sobre la conservación del Planeta es ante todo un asunto de ingresos y egresos, en el que priman intereses distintos al medio ambiente. Y que así los países más contaminantes y más empeñados en la riqueza digan que van a pagar y hagan toda clase de promesas, al final no cumplen.

La realidad es que tal como está planteado hoy, el diálogo sobre la preservación del hábitat no funciona. Por ello hay que reformularlo y aceptar que lo que se necesita es un cambio cultural de la humanidad. Para que así sea, tiene que haber determinación política que se comprometa a formar a un ser humano consciente de lo que significan el medio ambiente, su entorno natural y los peligros que padece el mundo que habita.

Si el afán que hoy conduce las decisiones se centra en lo económico o todo tiene que ver con el Producto Interno Bruto, debería comprenderse que en la naturaleza es donde se encuentra la riqueza y la supervivencia de la especie. Ese es el capital más importante. Con el tiempo en contra, los Estados deberían pensar en qué es lo importante, si continuar empeñados en los mercados, y casar peleas como la que hoy tienen Estados Unidos y China, explotar sin control los recursos naturales o cuidar La Tierra para beneficio de quienes viven en ella y de las generaciones futuras.

La pregunta es si somos capaces de tener sentido humano o si seguiremos siendo los depredadores que no tenemos conciencia sobre el daño que causamos a nuestra casa. Nada cambiará mientras países como Colombia vivan de la extracción de materias primas o de la deforestación, la minería ilegal o el narcotráfico. El camino hacia la derrota seguirá mientras no se tome la decisión de pasar de la generación de energía a partir de combustibles fósiles, hacia producciones limpias y sostenibles.

Nuestro planeta es un organismo vivo al que las actuaciones humanas y el ánimo de lucro le aceleran su deterioro, olvidando que su gran riqueza está en su diversidad ambiental. Por ello se mantienen diálogos y negociaciones en los cuales se producen apenas palabras vacías como ocurrió en España, donde el liderazgo de esa transformación se dejó en manos de una adolescente de 16 años de edad.

Lo que se necesita es voluntad política de quienes dirigen el destino del mundo para cambiar la cultura antes de que sea tarde. La respuesta, en últimas, está en transformar el concepto del ser humano – depredador, por el del ser humano consciente de su deber de defender su medio ambiente. ¿Será posible?

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