Catolicismo y transparencia

Catolicismo y transparencia

Febrero 27, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Culminó la cumbre de la Iglesia Católica, convocada por el Papa Francisco para enfrentar el problema que significa la pederastia y las medidas que se tomarán para eliminar ese mal. Aunque el daño está hecho y en muchísimos casos será imposible resarcir a todas las víctimas por el daño que les causaron, la decisión del Pontífice demuestra un esfuerzo notable por castigar a los culpables y devolverle la transparencia que reclaman los católicos.

Lo que ha ocurrido en los últimos años no es otra cosa que el destape de comportamientos centenarios, donde los prelados, desde sacerdotes hasta cardenales se aprovechaban de sus investiduras, del respeto y la solemnidad que representan, para abusar de menores de edad o practicar conductas sexuales que atentan contra la decencia. Ese valor, uno de los más defendidos por el catolicismo, ha sido pisoteado, atentando contra la credibilidad de la organización con más de dos mil millones de existencia en la prédica del evangelio católico.

Que en la última década se hayan conocido estos hechos y varios Papas hayan tenido que enfrentar el problema no es un asunto nuevo, ni se debe a una persecución contra la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Como tampoco es un atentado a la fe y a los dogmas católicos el que se den a conocer esos hechos vergonzosos y en muchos casos aterradores, la negación del mensaje cristiano sobre la verdad, sobre la protección que debe ofrecerse a los niños y jóvenes, y el respeto a la verdad en la labor de evangelizar y mantener el estandarte del amor y la justicia.

Por ello hay que reconocer la decisión de Francisco de enfrentar el cáncer de la pederastia y de los abusos que muchos prelados han cometido, aprovechando el poder que les otorga su ministerio y la reverencia y acatamiento que ello genera entre los feligreses. Es su reconocimiento de que la iglesia es una institución compuesta por seres humanos que pueden equivocarse, que pueden cometer errores y delitos, los cuales deben ser expiados ante la justicia divina y pagados ante la justicia terrenal.

Todo ello lo hizo notar el Papa en la clausura: “El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos”, dijo Francisco. Y agregó: “Todo abuso es una monstruosidad. En la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de la ira de Dios. Tenemos el deber de escuchar atentamente este grito silencioso”.

La orden de Francisco es llevar la mayor transparencia a la Iglesia y poner a órdenes de la justicia a todo miembro de la iglesia que sea responsable de actos de pederastia y cualquier clase de abuso sexual, así como abandonar el silencio cómplice que incentiva esas inmorales prácticas. Un paso audaz y sin duda valeroso que debe devolverle algo de la credibilidad perdida por las desviaciones del poder que otorga la fe en la Iglesia Católica.

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