Anticiparse a las tragedias

Mayo 22, 2015 - 12:00 a. m. 2015-05-22 Por:
Elpais.com.co

"En medio de la dolorosa tarea de encontrar a las víctimas de la avalancha en Salgar, Antioquia, crece la pregunta de por qué no se hizo lo que se debía, a pesar de que el riesgo estaba advertido. Y se extiende hacia todo el país, donde las leyes sobre prevención y atención de desastres siguen siendo letra muerta que se sacuden cada que se producen las tragedias".

En medio de la dolorosa tarea de encontrar a las víctimas de la avalancha en Salgar, Antioquia, crece la pregunta de por qué no se hizo lo que se debía, a pesar de que el riesgo estaba advertido. Y se extiende hacia todo el país, donde las leyes sobre prevención y atención de desastres siguen siendo letra muerta que se sacuden cada que se producen las tragedias.Según lo ha informado El Colombiano de Medellín, el riesgo de la creciente en la quebrada la Liboriana estaba advertido por documentos oficiales. En el Plan de Desarrollo 2012 – 2015, elaborado por la Administración de ese municipio, habla expresamente de los asentamientos humanos en el lugar y los identifica como “zonas de riesgo”, reconociendo que avalanchas como la sucedida el pasado lunes presentaban “mayor posibilidad de ocurrencia”.No obstante, nada se hizo. Las obras de mitigación mencionadas en el Plan apenas fueron un anuncio. Ni la Administración Municipal se movió, ni la Departamental tomó cartas en el asunto, pese a que la Corporación Regional de Antioquia, Corantioquia, también había advertido sobre el riesgo. Además, la misma Corporación ha avisado que esa amenaza existe en el 60% de los municipios antioqueños. En 1988, la ley 42 creó el sistema de prevención y atención de desastres, para mitigar los riesgos, anticiparse a su ocurrencia y atenderlos de manera ordenada y eficiente cuando se presenten. Allí se estableció la obligación de los entes territoriales de crear un sistema capaz de enfrentar esa amenaza, ordenando también la creación de fondos destinados a cubrir la misión, además del levantamiento de mapas de riesgo y el desalojo de las zonas que presentaban mayor peligrosidad. Años después, en el 2012, se reformó el sistema tratando de fortalecerlo y se asumieron más decisiones para cubrir una eventual emergencia que es más latente ante el desplazamiento hacia las ciudades y las comunidades que ofrecen mayor abrigo.Pero tantas normas, que en el papel hacen del país uno de los líderes en la materia, en la realidad no parecen ser objeto de cuidado. Ni siquiera la continua presencia de desastres, o el cambio climático que aumenta los riesgos, ha hecho posible que se cree conciencia sobre el peligro que afecta a la Nación. Sólo existen esfuerzos aislados de entidades como la Cruz Roja, la Defensa Civil o los bomberos voluntarios, que en conjunto son superados por la magnitud de los desastres. Y aunque existe un organismo nacional, este sólo se presenta cuando la tragedia ha ocurrido.El hecho es que existen las herramientas para tratar de evitar al máximo las tragedias por avalanchas como la de Salgar. Cali hace hoy un esfuerzo por convertir en secretaría municipal la oficina de riesgos de desastres, lo que le dará más autonomía, más recursos y mayor capacidad para cumplir su misión. Sin embargo, los peligros crecen en zonas como las laderas y las cuencas de los ríos, amenazadas por las invasiones y el descuido de muchos años. Cómo evitar que las contingencias se conviertan en realidad que destruye vidas y bienes públicos y privados, es el reto que deben asumir las sociedades y los gobiernos.

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