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¿Y Colombia cómo queda?
Cuando Petro desafió a los soldados norteamericanos a no obedecer las instrucciones de su comandante, cruzó una línea roja en cualquier país.
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5 de ene de 2026, 02:14 a. m.
Actualizado el 5 de ene de 2026, 02:14 a. m.
Con las armas usadas en la Decisión Absoluta aún humeantes, las imágenes de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores entrando al sitio de reclusión en Nueva York cierra el capítulo de la remoción del presidente venezolano a través de la presión militar. En el discurso que dio el presidente norteamericano, Donald Trump,Gdesde Mar-a-Lago, descartó de entrada que le importe el derecho internacional, se centró en la protección de los habitantes de los Estados Unidos de la violencia de las bandas criminales venezolanas como el Tren de Aragua. Evocó a Jocelyn Nungaray, una niña de 12 años violada y asesinada en Texas por ilegales venezolanos y habló de las expropiaciones del Gobierno venezolano a empresas norteamericanas por varios años. Esos fueron sus puntos focales.
Ante este episodio de enorme gravedad e importancia, quedó expuesta la profundidad de la crisis diplomática colombiana. Años de desvaríos del presidente Gustavo Petro convirtieron nuestra política exterior en una payasada, quebrando en sus devaneos vanidosos los lazos construidos por décadas de pragmatismo y respeto al principio de no intervención, con Perú, Argentina, Salvador y hasta con Chile.
Con Venezuela, Petro llegó hasta el negacionismo del Cartel de los Soles o el vínculo de los tripulantes de las lanchas de alta velocidad hundidas en el Caribe para decir que eran pescadores pobres, y minimizó la criminalidad del Tren de Aragua: ‘muchachos sin amor’, dijo que eran. Cuando desafió a los soldados norteamericanos a no obedecer las instrucciones de su comandante, cruzó una línea roja en cualquier país. Quiso enfrentar las consecuencias con jueguitos verbales que confundieron más las cosas. Atacó a Bernie Moreno, a Marco Rubio y a Elvira Salazar, cuya influencia y cercanía a Trump solo desconocen los ignorantes.
Se vinieron la revocación de su visa, la inclusión en la lista Clinton y un trato cada vez más despectivo del Gobierno norteamericano desde el Presidente para abajo. Consecuencias personales, ciertamente, pero que afectan a toda Colombia. Petro es como el borracho que se mea, no en la puerta, sino en la sala.
El Presidente nos dejó en un riesgo enorme porque quiere arrastrar al país entero a su pelea personal con Estados Unidos, que acentúa con una retórica de plazoleta. Lo peor fue anunciar una cooperación militar con Venezuela cuando ya estaba en despliegue la fuerza naval norteamericana en el Caribe. Las referencias baratas a Bolívar, a una Gran Colombia que se defendería unida, o esa mitología inventada sobre la historia de un jaguar que sale a defender un cóndor que es atacado por un águila, fueron correctamente entendidas como que nuestras fuerzas armadas saldrían a la defensa de Maduro. En Venezuela misma, el madurismo promovía esa idea en escenarios internacionales con la izquierda europea.
Petro tiene tantos compromisos de lealtad con el madurismo que algunas de sus declaraciones que buscaban reducir la tensión con Estados Unidos fueron mal recibidas en círculos de la izquierda venezolana y hasta un madurista Clase A certificado, como Narciso Torrealba, dijo con desagrado que Petro hacía ‘culipandeo’.
En un momento de definiciones urgentes, la comunicación con el Gobierno de Estados Unidos está rota. Petro se limita a responsabilizar a nuestro embajador en Washington. Vamos a ciegas, ni siquiera es claro que para Trump una Venezuela sin Maduro sea necesariamente una Venezuela sin chavismo.
Estamos en el centro del problema, pero en la orilla de la capacidad de influir desarrollos que respondan a nuestros intereses. El Gobierno está a la deriva y acoquinado; Petro sigue parloteando pero en bemol menor, acobardado. El águila atacó al cóndor y el jaguar no aparecióG

Abogado
6024455000





