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Identidad vs. Promesas
En estos días abundan listas impecables: gimnasio, lectura, ahorro, menos pantalla... Y la frase que se repite con la solemnidad de un juramento, ‘Este año sí’.
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6 de ene de 2026, 01:59 a. m.
Actualizado el 6 de ene de 2026, 01:59 a. m.
Enero tiene un sonido particular. Es el sonido de las agendas recién abiertas, de las promesas recién hechas y también de una culpa que llega temprano: ya debería estar empezando. En estos días abundan listas impecables: gimnasio, lectura, ahorro, menos pantalla... Y la frase que se repite con la solemnidad de un juramento, ‘este año sí.’
Pero si somos honestos, la mayoría de esos ‘sí’ se nos vuelven ‘después’. No necesariamente por pereza ni por falta de carácter. Fallamos porque empezamos el año persiguiendo metas, cuando lo que realmente necesitamos construir es identidad.
Una meta es un punto en el mapa, como bajar tantos kilos, ahorrar tanto dinero, leer tantos libros, lograr tal cargo. La identidad es el lugar desde donde caminas: ‘soy una persona que cuida su cuerpo’, ‘soy alguien que cumple’, ‘soy un padre presente’, ‘soy un líder que escucha’. Las metas son resultados; la identidad es dirección. Y cuando la dirección está clara, los resultados dejan de depender tanto del ánimo del día.
Por eso muchos propósitos nacen con un problema de origen. Nos ponemos el traje del ‘nuevo yo’ esperando que el traje cambie la piel. Diseñamos planes heroicos y horarios que no resisten un imprevisto. Y cuando el mundo real aparece, todo falla.
El cambio real se parece más a una acumulación de decisiones pequeñas, repetidas, casi invisibles. La identidad se construye con evidencia. Cada acción es un voto a favor de la persona que quieres ser. No hay que esperar una transformación épica; hay que producir resultados. Y eso le devuelve el control al tamaño de tu día.
¿Qué significa ‘construir identidad’ en la práctica? Primero: cambia la pregunta. En vez de ‘¿qué quiero lograr en 2026?’, intenta: ‘¿quién quiero ser en 2026?’. Es distinto proponerte ‘hacer ejercicio’ a decidir ‘ser una persona que se cuida’. El primer enunciado pide motivación, el segundo pide coherencia.
Segundo, define tu versión mínima. La identidad no se prueba con hazañas, sino con consistencia. Si quieres ser saludable, tu versión mínima puede ser caminar diez minutos o elegir, tomar agua una vez al día. Si quieres ser alguien que aprende, leer dos páginas. Pequeño no es mediocre; pequeño es sostenible.
Tercero, diseña tu entorno para ganar. La fuerza de voluntad es un músculo cansado; el entorno es un aliado silencioso. Ponle facilidad a lo que quieres repetir y fricción a lo que quieres reducir. Ten el libro a la vista. Deja la ropa lista. Apaga notificaciones. No es rigidez, sino respeto por la persona que dijiste que querías ser.
Y cuando falles —porque vas a fallar, como todos— no lo conviertas en identidad (“soy un desastre”). Conviértelo en información (‘¿qué ajusto para volver mañana?’). Un día no define un año. Lo que define un año es la capacidad de regresar.
Tal vez el propósito más poderoso de 2026 no sea una lista larga, sino una frase corta, tipo brújula: “Soy una persona que se cumple” Escríbela. Recuérdala cuando tengas dudas. Y luego haz algo pequeño hoy que la vuelva verdad.
Porque el ‘nuevo yo’ no empieza el 1 de enero. Empieza el día en que nadie está mirando… y aun así eliges actuar como la persona que dijiste que querías ser. Hoy sirve. Hoy cuenta. Hoy construye.
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