Columnistas
Sobre la extrema coherencia y la guerra sucia
Aclaremos que defensores de la patria somos todos los que creemos en la democracia y las libertades, no solo los abelardistas.
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26 de abr de 2026, 12:57 a. m.
Actualizado el 26 de abr de 2026, 12:57 a. m.
Escribía yo después del triunfo de Paloma en la Gran Consulta que “a partir de ahora, es la candidata a vencer. Por eso es ya el objeto de la guerra sucia tanto de Cepeda y la izquierda como de los fanáticos de Abelardo”.
Desde entonces la cosa ha ido a peor. Ahora las infamias, las calumnias, se han sucedido sin pausa, ya no solo contra Paloma y Oviedo, sino contra todos los que hacemos parte de esa campaña y contra el mismo expresidente Uribe.
Aclaremos que defensores de la patria somos todos los que creemos en la democracia y las libertades, no solo los abelardistas. Agreguemos que algunos hemos estado en esa tarea desde siempre y sufriendo los riesgos acá, mientras que otros nunca los sufrieron, callaban y se asoleaban en Miami y la Toscana italiana. Si de arriesgar el pellejo se trata, siempre hemos sido nosotros los que hemos estado en el alambre. ¿O hay que recordarles el asesinato de Miguel Uribe?
Si de valor se trata y de compromiso en la defensa de la patria, las pruebas han venido del expresidente Uribe, de Paloma Valencia y del Centro Democrático. Lo mismo puede decirse de la lucha contra los violentos y los delincuentes.
Del otro lado, De la Espriella no se ha limitado a hacer su tarea de penalista de los peores criminales, sino que ha sido también su lobista y, en algunos casos, su amigo. De la Espriella sostuvo que las pirámides estafadoras eran una forma de democratización del crédito, ha atacado el tratado de extradición y ha pedido que a los narcos se les devolviera una parte de su sangrienta fortuna. ¿Son antecedentes deseables para un Presidente de la República?
Los fanáticos abelardistas nos señalan como “los de siempre”. ¿De siempre no es también Enrique Gómez, su jefe de debate, sobrino de Álvaro y nieto de Laureano? ¿O algunos impresentables como Alfredo Ape Cuello y los compadres de Abelardo en Sahagún? ¿O los de siempre buscan estigmatizar la campaña de Paloma?
También nos acusan de santistas. Es contraevidente. Y contradictorio. ¿No tiene sentido superar las diferencias con los santistas en el propósito común y más importante de rescatar la democracia y las libertades? ¿Entienden los abelardistas que para ganarle al neocomunismo son indispensables los votos del centro y de los independientes? ¿O lo único que les importa es derrotar a Paloma en primera, al costo que sea?
Para rematar las contradicciones, De la Espriella es santista: defendió el pacto con las Farc, votó sí en el plebiscito y no solo aplaudió que les regalaran curules a los criminales farianos, sino que dijo que era mejor tenerlos a ellos en el Congreso, que eran mucho mejores que los parlamentarios de entonces, y que él jamás extraditaría a Timochenko.
¿Me acusarán de mentir? Hay videos y pruebas sobre todo lo que acá he dicho. La verdad es que De la Espriella nunca fue un tigre y menos en la lucha contra el delito. Fue vocero de los peores intereses de los más espantosos criminales. En cambio, los que siempre nos hemos jugado contra los delincuentes y los violentos somos nosotros. Los de la extrema coherencia en la defensa de la democracia y las libertades, en la defensa de la patria, somos nosotros. Aplaudo, por supuesto, que De la Espriella haya corregido y ahora quiera serlo.

Abogado socioeconomista, especializado en derecho constitucional e internacional y derechos humanos. Fue viceministro de Justicia.
6024455000






