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El espejo de Hungría

Con el apoyo abierto de Putin y Trump, parecía imbatible. Pero ocurrió lo que temen los poderosos: que los votantes abran los ojos y vean la realidad.

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

25 de abr de 2026, 01:10 a. m.

Actualizado el 25 de abr de 2026, 01:10 a. m.

Viktor Orbán es quizá la mejor demostración de cómo una democracia puede deformarse sin desaparecer. No ocurre de un día para otro, ni mediante un golpe abrupto, sino a través de una lenta transformación en la que el diálogo se sustituye por la imposición y el pluralismo por una narrativa única.

Tras la caída del bloque soviético, Orbán emergió como un líder liberal, defensor de la integración europea y de la salida de las tropas soviéticas. Pero con el tiempo —y, sobre todo, con el poder— su proyecto mutó. En 2011 impulsó una nueva Constitución, reformó el sistema judicial y rediseñó las reglas electorales. A partir de allí, su dominio dejó de depender solo de los votos y empezó a apoyarse en la arquitectura institucional.

Su permanencia —cuatro elecciones consecutivas ganadas— consolidó un modelo en el que el poder se retroalimenta: ventaja electoral, control creciente del ecosistema mediático y uso intensivo de los recursos del Estado. El líder liberal derivó hacia un nacionalismo cada vez más rígido, con retórica antiinmigración y una progresiva centralización. Su cercanía con Vladimir Putin y su ambigüedad frente a Ucrania erosionaron su imagen y, poco a poco, su respaldo interno.

Rodeado de lealtades incondicionales, pretendía ocultar una corrupción desbordada, marca registrada de todo régimen de poder concentrado. Con el apoyo abierto de Putin y Trump, parecía imbatible. Pero ocurrió lo que temen los poderosos: que los votantes abran los ojos y vean la realidad. Fueron capaces de reaccionar y se expresaron masivamente. Con una participación del 80 % le dieron una paliza impensable.

Y es allí donde Hungría deja de ser un caso lejano y se convierte en un espejo para Colombia. Si las campañas estudian cómo Peter Magyar sacudió la resignación, presentando una alternativa creíble y movilizan a la mitad de los apáticos, logrando una participación cercana al 75 %, se despeja el camino para acabar con la pesadilla. La abstención —ese silencio cómodo— es la mejor aliada del clientelismo y de los sistemas que se perpetúan. Mientras las elecciones sean limpias, el abuso descarado de los recursos públicos solo da para controlar a un porcentaje de la población. Esa es la lección que nos deja Hungría y nos debería llenar de entusiasmo para motivar a todos los que duermen entre la desesperanza y la inercia.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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