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Quo Vadis Humanitas
La reflexión sobre lo humano en diferentes áreas de la vida personal y social parece orientarse hacia un más allá de lo humano, planteando interrogantes incluso sobre lo que es específico de la naturaleza humana.
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24 de abr de 2026, 01:16 a. m.
Actualizado el 24 de abr de 2026, 01:16 a. m.
Cuando el papa San Juan XXIII, anunció al mundo el inicio de un Concilio Vaticano, en este caso el segundo en la historia de la Iglesia, su deseo era colocar a la Iglesia en el momento en el cual vivía, quería que la Iglesia estuviese en el mundo desempeñando la función que su fundador, Jesucristo, el Señor, había creado al acompañarse de esos 12 hombres sencillos, que como lo dice el psiquiatra Augusto Jorge: “No debemos pensar que Cristo estaba creando un grupo de personas frágiles y despersonalizadas. Por el contrario, Él, por medio de sus principios inteligentes y raros, estaba transformando a aquel grupo de incultos galileos en una fina estirpe de líderes. Líderes que no tuvieran la necesidad de que el mundo girará en torno de ellos, que se vacunaran contra la competencia depredadora y contra las raíces del individualismo”.
Esta escuela de líderes de la que habla el psiquiatra Augusto Jorge Cury, es precisamente la que el papa Juan XXIII quería que se mostrara con la reflexión que hiciera el Concilio Vaticano II y que al iniciar la segunda sección de él, al fallecimiento de su iniciador; el papa Pablo VI, le pedía a los padres conciliares cuál era su objetivo y que en honor a su antecesor, lo cumplieran y les hizo esta pregunta como resumen de lo que debían hacer en las reuniones: ¿Qué piensas de ti misma, Iglesia? Y al final, con muchos esfuerzos salieron dos documentos conciliares de los cuales el papa León XIV, está tomando una reflexión actualmente, pasados ya 60 años: Lumen Gentium, y Gaudium Et Spes.
La reflexión en estos dos documentos conciliares, sobre la pregunta que hacía Pablo VI a los padres conciliares: ¿Qué piensas de ti misma Iglesia?, precisamente tiene que ver con el hombre, con lo que debe ser, para qué existe y cuál es su objetivo esencial en la existencia. Es la reflexión sobre la antropología a la luz de la revelación que está llamada a interpretar las complejas condiciones de un mundo en el cual está inmersa la Iglesia, como sociedad formada por hombres, por esto su preocupación principal es ofrecerle al mundo la Persona de Jesús, como el modelo del hombre a seguir; de ese hombre actual inmerso en un cambio tan profundo que se ha definido como ‘época’.
La comprensión de lo que es el ser humano había alcanzado unos resultados bien definidos en la historia del pensamiento (en particular en la tradición de Occidente). Podía parecer que la reflexión ulterior se debería limitar a esclarecer tan solo algunos aspectos particulares del obrar humano. Sin embargo, hoy se comprende que estamos implicados en una exploración nueva del misterio del ser humano en cuanto tal, en su identidad. Los desafíos actuales nos obligan a salir de las seguridades adquiridas, y pueden suscitar temores, a menudo no infundados. La reflexión sobre lo humano en diferentes áreas de la vida personal y social parece orientarse hacia un más allá de lo humano, planteando interrogantes incluso sobre lo que es específico de la naturaleza humana.
La oferta de Cristo, que no hemos querido escuchar y ya han pasado XXI siglos era “Causar una profunda transformación en el interior del alma humana, un profundo cambio del hombre de la manera de ver el mundo y a sí mismo”. Y ahora esta reciente aceleración del desarrollo tecnológico y los avances de la ciencia han vuelto a despertar el asombro ante las grandes potencialidades de la humanidad y la percepción de su grandeza. Pero, sin embargo, no disminuye por lo anterior el desconcierto ante la fragilidad, ya que está sometida a la muerte y a la enfermedad, nos lo evidenció el Covid 19 y ahora más que nunca se ve tentada a resignarse frente a un mal aparentemente inevitable: guerras y conflictos, desigualdades e indiferencias y debemos sumarle todo lo que se futuriza para la humanidad con la aparición de la IA. Pero todo eso en lugar de darnos mayor seguridad y confianza, es innegable esa ambivalencia de grandeza y fragilidad de la persona humana.
Ser una persona humana, dotada de una dignidad infinita, no es algo que nosotros hayamos construido o adquirido, sino que es un fruto de un regalo gratuito que nos precede. No es un don que hayamos recibido sencillamente del pasado, sino sigue siendo un don en cada circunstancia de nuestra existencia, para siempre, y se convierte en una tarea intransferible que está asumiendo de frente nuestro papa León XIV, cuando avala con su firma el estudio de la Comisión Teológica Internacional, sobre estudios a lo largo de varios años sobre la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad, y que tiene por nombre: ‘Quo Vadis Humanitas’.

Sacerdote, párroco en María Madre de la Iglesia en Vipasa y Prados del norte, fue director del Centro de Investigaciones de la Arquidiócesis de Cali, profesor de Teología en el Seminario Mayor San José de Panamá, y párroco en Buga y en Cúcuta. Escribe para El País desde 1999
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