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Punto de inicio y punto de llegada

Cuestionar el carácter legal del nuevo presidente nos mete en un verdadero remolino de odios.

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Angelino Garzón
Angelino Garzón, columnista. | Foto: DANIEL JARAMILLO

9 de jul de 2026, 02:28 a. m.

Actualizado el 9 de jul de 2026, 02:28 a. m.

El sentido común me ha enseñado que en todos los cargos públicos, incluyendo los de elección popular, siempre se tiene un punto de inicio y un punto de llegada. En ese sentido, un gran error que pueden cometer algunas personas elegidas por voto popular es creerse insustituibles. Esto los lleva muchas veces a pensar que no tienen reemplazo o que en la vida muy difícilmente se encuentran personas mejores que ellos.

Esa dura realidad social y política es la que explica muy bien el origen de algunos dictadores o ‘reyezuelos’. Ellos, teniendo el voto popular como punto de inicio de su mandato de gobierno, por el gusto del poder y las ventajas que el mismo les ofrece, con uno u otro pretexto, procuran quedarse anclados en los cargos públicos o, lo más grave, desconocer las mínimas cualidades políticas o sociales de sus antecesores o de quienes lleguen a reemplazarlos.

Las personas que hemos participado en luchas democráticas en Colombia, como por ejemplo en cargos públicos de elección popular, debemos entender que ellos presuponen tener unos mínimos éticos para ejercerlos. Entre ellos, está el de gozar siempre con los éxitos de otros así nos hayan ganado en temas electorales. Lo mismo ocurre con las denominadas rendiciones públicas de cuentas: administrar siempre de manera pulcra y eficiente los recursos y, de paso, enseñar siempre con nuestro ejemplo de vida.

Para ello no se necesita que las personas se declaren de izquierda, de centro o de derecha. Solo se requiere ser una persona demócrata y que, por lo tanto, defienda lo público y lo privado como bienes propios de la democracia, del desarrollo económico y social, y de la convivencia pacífica.

Desafortunadamente, algo parecido está pasando en el país con el actual proceso de empalme entre el presidente saliente, Gustavo Petro, y el nuevo mandatario, Abelardo de la Espriella, cuando el primero insiste en desconocer su elección, la cual ya fue reconocida y avalada públicamente por el Consejo Nacional Electoral y los organismos de control del Estado.

En ese orden de ideas, considero que no se le hace ningún bien a la democracia colombiana y a la búsqueda de la convivencia pacífica si nos metemos por los caminos de las descalificaciones de las pasadas elecciones o sobre el carácter legal o no del nuevo presidente de la República. Cuestionar el carácter legal del nuevo presidente nos mete en un verdadero remolino de odios. Ese remolino, poco a poco, nos conduce a un clima de confrontación, odios y satanizaciones y a un escenario favorable a la irracional violencia, alejándonos de la reconciliación nacional que tanto necesitamos.

Por todo esto, invito a personas de la diversidad política y social a que nos unamos en la diferencia. Convencidos de que en la vida todos los cargos públicos tienen un inicio y punto de llegada, debemos contribuir a crear consciencia de que el futuro democrático no radica en estimular polarizaciones, sino en el diálogo social y el entendimiento entre diferentes. Asimismo, debemos reivindicar que los gobernantes nacionales y regionales, tanto entrantes como salientes, deben tener como mínimo un norte ético y democrático: cero tolerancia con la corrupción, el despilfarro, la violencia, las desigualdades sociales y las contaminaciones ambientales.

Exministro de Trabajo, exvicepresidente de Colombia, exgobernador del Valle

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