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¿Hasta cuándo?
El Valle del Cauca enfrenta varios retos que entorpecen su envidiable, posible y pronto mejor desarrollo...
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9 de jul de 2026, 02:30 a. m.
Actualizado el 9 de jul de 2026, 02:30 a. m.
Los problemas que en todo el mundo todos seguimos afrontando todos los días, los hay globales, internacionales y nacionales (ver: Recorderis, El País, Cali,17/07/2025) además de regionales, urbanos y locales (de los que se ha escrito repetidamente en esta columna) y todos a su vez están interrelacionados de diferentes maneras y con distintas intensidades, por lo que siempre demandan discernimiento en su análisis para que se generen soluciones pertinentes, oportunas y posibles, y no que los prolonguen o empeoren o los dos juntos.
El cambio climático, la deforestación de la Amazonia, las sequías intensas, la escasez de agua dulce, los incendios graves, el aumento del nivel del mar, las inundaciones, el deshielo de los polos, las tormentas catastróficas y la disminución de la biodiversidad. La mayor parte de la energía es de combustibles fósiles, liberando gases de efecto invernadero, las ciudades están cada vez más pobladas. Y la inteligencia artificial penetra toda la vida en todo el mundo, en lo político, militar, social, económico y cultural, e igualmente en lo íntimo y privado.
Rusia continúa su agresión a Ucrania, e Israel sigue la guerra en Gaza, conformando el mayor conflicto armado desde la Segunda Guerra Mundial; China insiste en multiplicar su arsenal nuclear; Irán insiste en fabricar un arma nuclear; cada año más cerca del 80 % de la población mundial está bajo gobiernos autócratas, y menos de ocho dictadores, todos hombres por supuesto, mandan aferrados al poder y abusando del poder, sobre más de ocho mil millones de personas, en los cerca de 200 países que hay en el mundo en sus cinco continentes.
En Colombia, además de la corrupción, está el conflicto armado, el más largo del mundo, continúa como consecuencia de un conflicto social y político profundamente arraigado, pues a pesar de la gran riqueza natural del país, un gran número de colombianos vive en la pobreza, especialmente en las zonas rurales. Esta última vez, todo comenzó en 1948 con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y fue conocida inicialmente como la Violencia, y casi 80 años después, la supuesta solución, irónicamente llamada La Paz Total, ha sido un total fracaso.
El Valle del Cauca enfrenta varios retos que entorpecen su envidiable, posible y pronto mejor desarrollo, como lo es la concentración urbana en Cali; los conflictos socioambientales generados en parte por el monocultivo de la caña de azúcar, que altera el paisaje, limita la pluralidad en la producción de alimentos, y suscita conflictos por el uso del agua; y están las disputas por la tenencia de tierras y las ocupaciones ilegales; más narcotráfico, minería ilegal y lavado de activos, altas tasas de homicidios, delincuencia común y atentados terroristas.
Cali sigue con problemas de movilidad, sin tren de cercanías, carencia de parques, falta de control de los usos del suelo y de las edificaciones; más desindustrialización, desempleo, comercio y trabajos informales e inestabilidad laboral; y zonas de extrema vulnerabilidad concentradas en distritos y comunas específicas, donde convergen el desplazamiento y la falta de oportunidades. Además, la ciudad aporta cerca de la mitad de la contaminación del río Cauca debido a vertimientos ilegales de aguas residuales, escombros y basuras
San Antonio, en Cali, pese a ser un barrio de carácter histórico y residencial, continúa con sus estrechas calles invadidas por carros y motos; el ruido ajeno de bares sin permiso; el llamado urbanismo táctico en la Cr. 6, un ‘piloto’ de seis meses, que lleva ya dos años reducido a las materas que pusieron, impidiendo su supuesto uso por personas en silla de ruedas, cada vez más invadido por motos, carros y mesas, y aún no se ha realizado la evaluación que prometieron; y una edificación invasiva e ilegal que se toleró entre la Cls. 3 y 4 sigue allí.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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