Columnistas
Esperemos la posesión
He resuelto no contribuir a echar más leña al fogón y esperar a que el presidente electo tome posesión y conozcamos los lineamientos básicos de su gestión de gobierno.
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9 de jul de 2026, 02:30 a. m.
Actualizado el 9 de jul de 2026, 02:30 a. m.
Soy uno de los 12.708.000 que sufragamos por Iván Cepeda en la reciente elección presidencial. Hice todo lo que estuvo a mi alcance en apoyo de esa candidatura porque consideraba conveniente que el proyecto progresista iniciado por Gustavo Petro continuara su acción benéfica para las clases populares del país.
Abelardo de la Espriella triunfó con menos del 1 % pero la democracia no sabe de porcentajes y por eso este caballero es el presidente electo de la república de Colombia, que tomará posesión el próximo 7 de agosto.
Colombia atraviesa una de sus etapas más difíciles de toda su historia porque soporta unas tasas de violencia jamás vistas, ni siquiera en las épocas que me tocó vivir en la juventud. Por eso he resuelto no contribuir a echar más leña al fogón y esperar a que el presidente electo tome posesión y conozcamos los lineamientos básicos de su gestión de gobierno.
Por eso no estoy de acuerdo con el ahora senador electo Iván Cepeda cuando manifiesta que si De la Espriella no renuncia a la ciudadanía estadounidense iniciará desde el Capitolio lo que él denomina ‘desobediencia civil pacífica’, que a mi juicio no es otra cosa que un grito de combate que en nada favorece la ya delicada situación de orden público.
Iván Cepeda y Gustavo Petro tienen una base electoral inmensa, y su Partido es la fuerza política más poderosa que existe hoy en Colombia. Por eso ambos deben distribuirse competencias para que en 2030 sigan teniendo opción de poder.
Pienso que José Manuel Restrepo puede ser el polo a tierra del presidente, y lo que hemos visto en estos días es su sensatez y su competencia sobre los asuntos más complejos del Estado. Me cuesta trabajo entender que un nieto de Laureano Gómez sea el nuevo ministro de Hacienda, porque lo leo en sus columnas de Portafolio, y es tan iracundo como su abuelo, pero veremos si el paso de los años y el acceso a esa cartera lo hagan menos sectario. Rodrigo Lara será un buen ministro del Interior porque tiene experiencia parlamentaria, y sus buenas maneras lo facultan para los grandes acuerdos necesarios.
Abelardo de la Espriella, si deja de lado sus papeles de figurín de circo, puede lograr que los colombianos nos detestemos menos para que él consiga acometer una eficaz labor gubernamental. Nada de amenazar con destriparnos a sus opositores, y nada de amenazar con extraditar a Petro, porque esas bravuconadas solo irritan y dificultan su trabajo en la Casa de Nariño.
Colombia tiene que deponer las causas de su violencia endémica porque un país en guerra como ha estado durante tantos años se convierte en una nación inviable, en la que sus habitantes vivimos atemorizados y los inversores extranjeros no se atreven a crear empresa en nuestro país.
Si De la Espriella tiene suficiente raciocinio para entender que puede convertirse en el garante de la unidad nacional, como lo dispone la Constitución de 1991, saldrá del gobierno con el más alto reconocimiento de sus compatriotas.
Faltan muchos ministros por nombrar, y no creo que sea fácil eliminar la mitad de las carteras ministeriales, porque la situación de los funcionarios cesantes se convertirá en un auténtico dolor de cabeza para el mandatario. Desde luego hay algunos como el de Igualdad que deben eliminarse, unos cuatro creería yo, reubicando a los funcionarios que salgan de esas carteras.
Por todo lo anterior, sugiero que quienes no votamos por De la Espriella esperemos su posesión para saber qué tipo de oposición haremos.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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