Columnista
“Palo porque bogas...”
A mí me produce cierta tristeza que la oposición no vea en este gobierno ningún hecho positivo.
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12 de feb de 2026, 02:13 a. m.
Actualizado el 12 de feb de 2026, 02:13 a. m.
El martes 3 de febrero, día señalado para el encuentro de los presidentes Trump y Petro, un amigo uribista compró para su bar varias botellas de finos licores para celebrar tan pronto él y sus invitados vieran al mandatario colombiano con el uniforme color naranja que usan los delincuentes que surten las cárceles estadounidenses, porque estaba seguro de que de esa entrevista saldría Petro esposado a hacerle compañía a Nicolás Maduro en una celda cercana a la del depuesto mandatario venezolano.
Quedó con los crespos hechos porque la detención no se produjo y la reunión resultó siendo un éxito más para el colombiano porque el magnate gringo se dio cuenta de que la visión que tenía sobre el manejo en Colombia del narcotráfico era errada, y que el personaje que tenía al frente ha hecho lo que está a su alcance para destruir cultivos e incautar grandes cantidades de coca ya procesada, lo mismo que la destrucción de laboratorios y la extradición de numerosos capos.
A mí me produce cierta tristeza que la oposición no vea en este gobierno ningún hecho positivo. Para ella, todo es malo, lo que haga o deje de hacer el presidente. Si el dólar baja, malo; si el desempleo desciende, malo; si se entregan tierras a los campesinos, malo; si miles de muchachos acceden a las universidades públicas gratuitamente, malo; si se otorga una bonificación significativa a soldados y policías, malo; si se aumenta el salario mínimo a los 3000 trabajadores formales, malo; si se dan $230.000 a los ancianos que carecen de pensión, malo; si se les asigna salario mínimo a los jóvenes internos de los hospitales, malo; si se baja la suma de 16 millones mensuales del ingreso de los congresistas, malo; si el Banco Agrario da créditos a bajos intereses para los campesinos, malo. En una palabra, todo es malo si la iniciativa sale del despacho presidencial.
Ahora la emprenden contra Iván Cepeda, a quien califican de comunista irredento, y que hará en la Casa de Nariño lo que no alcanzó a hacer su antecesor, es decir, convertir el paraíso colombiano en lo que fue Venezuela con Chávez y Maduro.
Y ya que estamos en modo electoral, juzgo que urge una reforma constitucional que dé por terminadas las firmas que recogen los aspirantes a corporaciones públicas, cuando no tienen partido que los avale.
Es tan absurdo ese sistema que Germán Vargas Lleras, cuando aspiró a la presidencia en 2018, presentó más de 5 millones de firmas y en la primera vuelta solo obtuvo 1.500.000 votos. Si se elimina esta barbaridad, se le dará gran beneficio a nuestra democracia.
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Pocas muertes me han conmovido tanto como la de mi amigo Ramiro Escobar Cruz, quien fue el más destacado líder cívico de Tuluá, municipio en el que no hubo acción que lo favoreciera en la que Ramiro no pusiera su efectiva colaboración.
Miembro de la Junta de Ferias y Exposiciones por muchos años, llevó ese evento a muy altos registros entre las ferias de ese tipo que se realizan en diversas ciudades colombianas.
Nunca entendí que un hombre como Escobar Cruz no hubiera sido elegido alcalde de mi pueblo querido.
A su viuda, Teresita Santacoloma Martínez, hija del mártir liberal Alfonso Santacoloma Román, y a sus hijos les hago llegar el mensaje sincero de mi consternación y de mi duelo.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
6024455000





