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Oye los cueros sonar

El autor describe la luz, el balanceo de la noche y el ansia de los rumberos por llegar a ese lugar donde dos músicos puertorriqueños evocarían a Changó, a Babalú, el de la capa dorada, el que siempre “te está cuidando pa´que no te pase ná…”

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Medardo Arias Satizábal
'A este lado del estero', poemario de Medardo Arias Satizábal. | Foto: Medardo Arias Satizábal / Ser Zanja

19 de mar de 2026, 04:02 a. m.

Actualizado el 19 de mar de 2026, 04:02 a. m.

Si alguien identifica el nacimiento de la salsa en Cali, este es sin duda Robert Cruz Ramos, Bobby Cruz (Hormigueros, Puerto Rico, 1937), el cantante eterno de la orquesta de Ricardo Richie Ray, el mismo que acaba de anunciar su retiro a los 89 años, porque “no quiere morir en el escenario”, como Miguelito Valdés, Míster Babalú.

Cali le debe hoy un gran homenaje, pues fue él con Ricardo el responsable del nacimiento del mito, el mismo que describió el escritor Andrés Caicedo en su novela ‘Que viva la música’, en el instante que avanza la fila para entrar a la caseta Panamericana en inmediaciones de las piscinas panamericanas. El autor describe la luz, el balanceo de la noche y el ansia de los rumberos por llegar a ese lugar donde dos músicos puertorriqueños evocarían a Changó, a Babalú, el de la capa dorada, el que siempre “te está cuidando pa´que no te pase ná…”.

Una fotografía en el archivo de El País registra ese momento. Richie toca el piano con el atavío de los bacanes de Nueva York: camisa de cuello ‘orejeperro’ y pañuelo de seda al cuello. Nadie baila; la multitud lo rodea; también dos militares, atentos al embrujo de unas notas que rápidamente prendieron por toda la ciudad. Era 1968, diciembre, y en la casa de los Sanín acababan de sacrificar un cerdo. Iván Olano lo recordaba bien; despertó casi al amanecer con los chillidos que se confundían con el bullicio de la caseta cercana.

Yo había escuchado ya a Richie y Bobby en la radiola Phillips de mi casa en el puerto: “Bella es la navidad”, y de verdad que era bella, “en casa de la comae vamos a hacer una fiesta, tendremos arroz con pollo, compadre no se la pierda…”.

A inicios de los 80 Richie y Bobby llegaron a Cali no para tocar su sonido bestial, sino para difundir el Evangelio. Los entrevisté en el Hotel Aristi; llegaron acompañados por la periodista Paquita Berio, expareja de Felipe Pirela. Con ellos vino también Nicky Cruz, un expandillero de la gallada de los Mau Mau en el Bronx neoyorquino, convertido también al camino de Jesús. En el Teatro Asturias se exhibió su película ‘Corre, Nicky, corre’, en la cual dio testimonio de su conversión. Bobby Cruz me reveló entonces que su nuevo camino en Cristo había nacido en el coliseo Hiran Bithorn de San Juan, en un concierto. De pronto vieron descender una luz cegadora sobre el escenario, la misma que les indicó contrariar el epígrafe de la novela de Caicedo: ‘Qué rico, pero qué bajo Changó’.

La crónica la titulé ‘Pero tu son está lejos de mí’. De ese tiempo, para rescatar, dos melodías: la de los gemelos Gan Gan y Gon Gon, hermanos de Bobby y la que recuerda cómo una multitud defendió a Barrabás por encima de Jesús: “Que suelten a Barrabás/ decían los fariseos…”, rezaba el coro.

Años después, alojados en el Dann, los invité a caminar por la ribera del río y al programa de Pardo Llada, en el que colaboré de manera frecuente. Invité también a la atleta caleña Amparo Ramos, quien se hacía llamar ‘Amparo Arrebato’. Ella no asistió; Richie y Bobby revelaron en el programa radial la verdadera identidad de aquella negra arrebatadora que tenía fama de Colombia a Panamá y los perseguía por el mundo en todos sus conciertos.

De esos tiempos de bohemia recuerdo ahora a Jimmy Caicedo, un mulato de afro y grandes patillas que imponía el frenesí en ‘El chuzo de Rafa’, cuando sonaba ‘Agúzate’ o ‘Sonido Bestial’. Al momento en que las melodías se desencadenaban en un remolino de percusión, Caicedo gritaba: ‘¡Cuero, cuero!’, por lo que ganó el apodo de ‘Caicedo y Cuero’. La última vez que lo que vi, estaba sentado en un andén de la Avenida Sexta, con unos clavos en la rodilla. Un carro lo había atropellado y pedía limosna, como San Lázaro, el Babalú Ayé de la santería cubana, el Orisha patrón de los enfermos, pobres y necesitados. Su invocación fue siempre un homenaje en sí mismo a Bobby Cruz, el cantante que se tapaba una oreja, el que ahora dice adiós.

Medardo Arias Satizábal, periodista, novelista, poeta. En 1982 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría Mejor Investigación. En tres ocasiones fue honrado con el Premio Alfonso Bonilla Aragón de la Alcaldía de Cali. Es Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, 1987, y en 2017 recibió el Premio Internacional de Literaturas Africanas en Madrid, España.

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