Columnistas
Análisis electoral
De resultar triunfante en segunda vuelta la candidata Paloma Valencia, eso significaría el regreso al poder de Álvaro Uribe Vélez
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19 de mar de 2026, 04:04 a. m.
Actualizado el 19 de mar de 2026, 04:04 a. m.
El 8 de marzo, a las elecciones de Senado de la República y Cámara de Representantes se les unieron tres consultas, de las cuales la más votada fue en la que triunfó la senadora Paloma Valencia. Posteriormente la ganadora escogió de fórmula vicepresidencial a Juan Daniel Oviedo, a quien me cuesta mucho trabajo entender lo que dice, y por tanto lo que piensa.
Es de anotar que allí no competían Iván Cepeda ni otros aspirantes como Sergio Fajardo, Abelardo de la Espriella y Luis Gilberto Murillo, que se presentarán con otros a la primera vuelta que tendrá lugar el 31 de mayo próximo.
En esta última fecha pensaba votar, como miembro que soy de En Marcha, por Juan Fernando Cristo, quien a mi juicio sería un presidente excepcional, no solamente por su experiencia en el manejo de los asuntos del Estado, sino por su conocimiento a fondo de los vericuetos de la política colombiana, a veces tan difícil de comprender. Retirado Cristo, en la primera vuelta lo haré por Iván Cepeda.
De resultar triunfante en segunda vuelta la candidata Paloma Valencia, eso significaría el regreso al poder de Álvaro Uribe Vélez, que ahora no tendría necesidad de cambiar “el articulito”, ni de buscar personajes como la señora Yidis Medina, para ofrecerles notarías para lograr su apoyo.
Paloma Valencia pretendió que Uribe fuera su fórmula vicepresidencial. Cuando le dijeron que eso no tenía sustento constitucional, a grito herido que es el que utiliza en todas sus intervenciones, dijo que amaba a Uribe, y que lo consideraba su papá. Como cereza del pastel, en entrevista con el director de El Tiempo, dijo que si llega a la presidencia todos los días se comunicará con su jefe supremo.
Eso dicho por una aspirante a ocupar el primer cargo de la nación es la declaración de su abyección por su jefe, y que hará en la Casa de Nariño, de resultar elegida, lo que le ordene el exmandatario. Se necesita ser muy ingenuo y desconocer los entresijos de la política para negar que eso será así, de darse el resultado favorable para la hoy senadora Valencia.
En principio estuve en desacuerdo con el escogimiento que hizo Iván Cepeda de la senadora Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial, no por su ancestro indígena sino porque no la veía con la fuerza electoral suficiente que asegurara el triunfo del candidato del Pacto Histórico. Pero reflexionando, llegué a la conclusión de que la presencia de esta dama en el tarjetón como compañera de Cepeda es todo un acierto, porque es una prueba adicional de que el sector progresista de la política criolla es incluyente, y en esa inclusión no solo están los indígenas, sino también los afrodescendientes y todos aquellos que hasta ahora se han sentido marginados de la conducción del Estado.
Un amigo muy querido, antipetrista recalcitrante, se queja de la precaria belleza de la canciller Rosa Villavicencio, y resulta que esta dama sin galardones nobiliarios es otra prueba del propósito de Gustavo Petro de abrirle las puertas del poder a quienes jamás habrían accedido a la Casa de Nariño en gobiernos anteriores.
Cuando escucho las arengas del petimetre Abelardo de la Espriella, juzgo imposible que haya colombianos que lo vean como buena opción presidencial, movidos solamente por el fastidio que les despierta el presidente Petro y su proyecto progresista. La pésima imagen que tengo del barranquillero, no la mejora ni el mejor maquillador.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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