Columnistas
Ormuz, el punto crítico de la economía mundial
El gobierno de Trump enfrenta un momento crítico en su guerra contra Irán.
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18 de mar de 2026, 01:31 a. m.
Actualizado el 18 de mar de 2026, 01:31 a. m.
La guerra en Irán ya cursa su tercera semana y el mundo comienza a sentir los efectos del conflicto en el estrecho de Ormuz. Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, en 2023 por este estrecho transitaron alrededor de 20,9 millones de barriles de crudo al día, lo que equivale a cerca del 20 % del mercado global. Se trata, además, del único paso marítimo entre los países del golfo Pérsico y el mar abierto, lo que aumenta su importancia no solo para el comercio de petróleo, sino también para el de gas. Para 2025, según la misma agencia, cerca de 600.000 millones de dólares en energía pasarán cada año por esta ruta.
Los principales países que exportan su petróleo a través de esta arteria económica global son Irak, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, esta vía energética ha sido afectada no solo por los ataques estadounidenses, sino también por acciones deliberadas del régimen iraní. En los últimos días, según Bloomberg, Irán ha lanzado ataques con misiles y ha desplegado embarcaciones de superficie no tripuladas y vehículos aéreos no tripulados para atacar buques en tránsito. Además, el Reino Unido ha advertido que es probable que Teherán haya comenzado a colocar minas en el estrecho de Ormuz con el objetivo de presionar a Washington y alterar el equilibrio del conflicto.
En paralelo, Washington parece no tener un objetivo claro en esta guerra. En cuestión de semanas, la narrativa oficial ha pasado de promover un cambio de régimen en Irán a hablar de la liberación de ciudadanos iraníes, mientras que entre ambas justificaciones se argumentaba que el ataque respondía a una amenaza latente contra Estados Unidos o sus aliados. Esta falta de claridad estratégica debilita la capacidad de Washington para construir una coalición internacional frente a Irán y también puede tener implicaciones en la política doméstica estadounidense.
Esto es especialmente relevante si se tiene en cuenta el contexto pre-electoral, pues en noviembre de este año serán las elecciones de medio período. Según distintas encuestas, Donald Trump registra una aprobación neta cercana al -17 %. Buena parte de este deterioro se explica por temas como la migración y el costo de vida. En particular, en materia de inflación y precios, la desaprobación neta alcanza cerca de -32 %, según datos recopilados por The Economist, una tendencia que se mantiene desde octubre del año pasado. Esta situación podría agravarse si, como consecuencia del conflicto con Irán, los precios de la gasolina continúan aumentando. De hecho, para el 10 de marzo el precio de la gasolina ya había subido un 19 % frente al período previo a la guerra.
Aunque en política ocho meses pueden cambiar muchas cosas —y una eventual desescalada del conflicto podría aliviar los precios del combustible—, las señales electorales no son alentadoras para los republicanos. En las recientes primarias demócratas en Texas, la participación aumentó cerca de un 120 % frente a 2018, lo que sugiere que el partido y su base electoral están particularmente movilizados. En ese contexto, incluso si los precios del petróleo y la gasolina se estabilizan, Trump y el Partido Republicano aún tienen mucho por mejorar si quieren evitar pérdidas significativas en la Cámara de Representantes y el Senado.
Más preocupante aún es la dificultad de Estados Unidos para construir una coalición internacional que garantice la seguridad del estrecho de Ormuz. Esta arteria económica global tiene apenas 30 millas de ancho en su punto más estrecho. Si se tienen en cuenta las rutas de navegación seguras para los buques, el espacio de maniobra se reduce considerablemente, al igual que la capacidad de reaccionar ante amenazas.
Ante esta situación, el presidente Trump ha planteado la posibilidad de establecer escoltas navales para proteger el tránsito marítimo. Sin embargo, según Bloomberg, aunque Washington ha pedido apoyo a China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido —con la expectativa de que envíen buques de guerra para mantener abierta la vía marítima— ninguno de estos países ha asumido compromisos concretos para participar en la operación.
Una de las razones es el alto riesgo que implicaría esta estrategia. Según la experta Jennifer Parker, exoficial de guerra naval, la prioridad debería centrarse en reducir la capacidad de Irán para atacar buques, neutralizando sus sistemas de mando y control, en lugar de limitarse a escoltar barcos. Mientras se discuten estas opciones y los aliados estadounidenses se muestran reticentes a participar en operaciones de escolta, Irán continúa atacando infraestructura energética en el golfo Pérsico y perturbando la navegación en el estrecho. Las consecuencias ya son visibles en los mercados energéticos. El petróleo, que a finales de abril se negociaba por debajo de los 70 dólares por barril, llegó a picos cercanos a los 120 dólares a comienzos de marzo y actualmente se mantiene en un rango de entre 90 y 100 dólares.
Este incremento no solo eleva los costos energéticos a nivel global —con claras presiones inflacionarias—, sino que también afecta la confiabilidad de las cadenas de suministro. Un ejemplo evidente es el sector de los semiconductores, particularmente en Taiwán. Según Bloomberg, la industria de microchips representa aproximadamente una quinta parte de la economía taiwanesa y depende de un complejo sistema global de insumos, maquinaria y componentes.
Entre estos insumos se encuentra el helio —del cual Qatar produce cerca de un tercio de la oferta mundial— así como el azufre, entre otros diversos compuestos químicos derivados del refinamiento de gas y petróleo. Cualquier interrupción en el suministro de estos materiales, o en el flujo energético hacia Taiwán —que depende en gran medida de importaciones desde el Medio Oriente— podría afectar gravemente a Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), líder mundial en la fabricación de chips avanzados.
Tsmc es el único fabricante de los aceleradores avanzados de inteligencia artificial de Nvidia y de los procesadores del iPhone de Apple, y produce cerca del 90 % de los chips lógicos más avanzados del mundo. La demanda de chips para inteligencia artificial ya supera la capacidad de producción actual, por lo que cualquier interrupción complicaría aún más los cerca de 650.000 millones de dólares que las grandes empresas tecnológicas planean invertir este año en inteligencia artificial.
La situación es aún más delicada si se considera la dependencia energética de Taiwán. El país importa aproximadamente el 97 % de su energía y cerca del 37 % de su gas natural licuado proviene del Medio Oriente. Además, las reservas internas de gas natural licuado alcanzan apenas unos 11 días.
Para poner esta cifra en perspectiva, Corea del Sur dispone de capacidad de almacenamiento suficiente para al menos 52 días de reservas de gas natural licuado, según el Institute for Energy Economics and Financial Analysis. Japón, por su parte, mantiene reservas cercanas a tres semanas. Taiwán cuenta con algunas semanas adicionales de inventario en cargamentos que ya se encuentran en tránsito hacia la isla, pero su situación sigue siendo frágil frente a cualquier interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz.
En este contexto, el gobierno de Trump enfrenta un momento crítico en su guerra contra Irán. Más allá de la presión militar, Washington parece carecer de una estrategia clara. Esta falta de dirección no solo dificulta la ejecución de acciones coordinadas, sino que también reduce la disposición de sus aliados a participar en operaciones conjuntas, como el patrullaje del estrecho de Ormuz.
La consecuencia es doble. A nivel internacional, Estados Unidos corre el riesgo de erosionar su credibilidad estratégica. A nivel doméstico, el aumento de los precios de la energía podría agravar el descontento económico en un momento políticamente sensible. Si a esto se suma un eventual encarecimiento de industrias dependientes de microchips —desde vehículos eléctricos hasta inteligencia artificial— las consecuencias económicas podrían ser significativas.
Por esta razón, Washington necesita definir con claridad su objetivo en Irán. De lo contrario, corre el riesgo de iniciar un conflicto prolongado y sin rumbo claro, similar a lo ocurrido en Afganistán, donde miles de vidas se perdieron en una guerra cuyo propósito estratégico nunca fue plenamente definido.
Twitter: @Mariocarvajal9C

Internacionalista de la Universidad Javeriana, magíster en Estudios Latinoamericanos de la University of Oxford y magíster en Economía Política Internacional del London School of Economics, donde se graduó con Mérito. Analista de política internacional y geopolítica.
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