Columnistas

¿Quién va a ganar?

Va a ganar quien logre tres cosas al mismo tiempo. Tres condiciones que, vistas juntas, dibujan el mapa real de esta elección.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Gabriel Velasco Ocampo
Gabriel Velasco Ocampo | Foto: El País

19 de mar de 2026, 04:01 a. m.

Actualizado el 19 de mar de 2026, 04:01 a. m.

Hay una pregunta que recorre todos los corrillos políticos del país, y nadie la responde con claridad:

¿Quién va a ganar estas elecciones?

La respuesta no está en las encuestas. Está en algo más profundo —y más simple—.

Va a ganar quien logre tres cosas al mismo tiempo. Tres condiciones que, vistas juntas, dibujan el mapa real de esta elección.

La primera: quien genere menos miedo.

Colombia no está buscando al candidato más apasionante. Está buscando al que le dé más tranquilidad. El ciudadano sabe que el país necesita reconstruirse. Pero siente algo más instintivo: miedo a que esa reconstrucción acabe incluso lo poco que este gobierno alcanzó a dejar funcionando.

No es un miedo ideológico. Es humano.

Quiere mejorar la salud, pero no perder lo que aún tiene. Quiere más seguridad, pero sin excesos. Quiere crecimiento, pero sin poner en riesgo su empleo o su empresa. En sociedades cansadas de la tensión permanente como método de gobierno, la tranquilidad deja de ser debilidad y se convierte en fortaleza.

Va a ganar quien reduzca ese miedo. No quien lo agite.

La segunda: quien no abandone su núcleo.

En estrategia empresarial hay un principio que aplica igual en política: quien abandona su core para perseguir votos ajenos, termina sin los propios.

El núcleo de la centro-derecha colombiana tiene principios claros —mano firme, institucionalidad, libertades económicas, seguridad sin impunidad. Quien se aleje de ese núcleo para sonar más moderado o más amplio, corre el riesgo de quedar a mitad de camino: sin convencer a los nuevos y sin retener a los propios.

Las consultas del 8 de marzo lo demostraron. Paloma Valencia no solo ganó —arrasó, con más del 55%, un resultado que ninguna encuesta había anticipado. Pero hay algo más que los números no capturan: Colombia es uno de los pocos países de América Latina que aún no ha tenido una presidenta. Marta Lucía estuvo cerca. Noemí Sanín también lo intentó. Paloma llega más lejos que ninguna. Y eso activa un voto femenino que esta elección no puede ignorar.

La tercera: quien le hable al centro y al voto urbano joven.

Ese es el voto que define segundas vueltas. No es el voto más ideológico ni el más fiel —es el más volátil, el más desconfiado, el más exigente. No se mueve por partido ni por tradición. Se mueve por confianza, por gestión demostrable, por cercanía con la vida cotidiana.

Y ahí aparece Juan Daniel Oviedo. Un perfil que también sorprendió el 8 de marzo, quedando segundo en la Gran Consulta sin que nadie lo hubiera visto venir. Su lenguaje es el de los datos, el de la ciudad, el de quien ha administrado instituciones y sabe lo que cuesta que algo funcione. Ese es precisamente el idioma del votante urbano joven que no quiere más promesas —quiere resultados.

Paloma para sostener el núcleo. Oviedo para ampliar el mapa.

Dos estilos distintos, una misma convicción: reconstruir el país con firmeza y sin poner en riesgo lo que queda.

Esa combinación —core sólido, centro conquistado, miedo reducido— es la fórmula que puede ganar estas elecciones.

No la va a ganar quien prometa más.

La va a ganar quien logre que Colombia confíe.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas