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¿Inteligencia?, artificial

Es casi imposible que haya suficientes órganos en una máquina como para que actúe, frente a todas las ocurrencias de la vida

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Benjamin Barney Caldas
Benjamin Barney Caldas | Foto: El País

19 de mar de 2026, 04:05 a. m.

Actualizado el 19 de mar de 2026, 04:05 a. m.

René Descartes dijo, hace cuatro siglos (Discurso del método,1637) que: “Porque bien podemos concebir a una máquina hecha de tal manera que pueda emitir palabras e incluso las pronuncie con acciones corporales que creen un cambio correspondiente en sus órganos (si, por ejemplo, la tocamos en un punto específico, preguntará qué queremos; o si la tocamos en otro punto, gritará y dirá que le estamos haciendo daño, etc.), pero no es concebible que pudiera ordenar esas palabras de modos diferentes para que se correspondieran con el significado de las cosas que dijeran en su presencia, tal como lo pueden hacer hasta los hombres más idiotas”.

Según la IA “Los robots son máquinas programables capaces de realizar tareas automáticas, repetitivas o complejas con precisión, utilizando sensores, actuadores y, frecuentemente, IA. Evolucionando desde brazos industriales a androides humanoides, son fundamentales en la manufactura, logística, servicios y el hogar para mejorar la eficiencia”. Pero también lo es una persona que actúa de manera mecánica o sin emociones (DEL).

“Y [continua René Descartes justo en el siguiente párrafo] el otro método es que, aunque esas máquinas podrían hacer muchas cosas igual de bien o incluso mejor que cualquiera de nosotros, inevitablemente fallarían a la hora de hacer otras cosas, así que descubriríamos que no actúan con conciencia, sino solo porque sus órganos están dispuestos de cierto modo. Porque, mientras que la razón es un instrumento universal que puede operar en todo tipo de situaciones, sus órganos deben tener una disposición particular para cada acción particular, de lo que se sigue que es casi imposible que haya suficientes órganos en una máquina como para que actúe, frente a todas las ocurrencias de la vida, de la misma forma en la que la razón nos hace actuar a nosotros”.

Según IA : “La conciencia es la capacidad humana de reconocerse a sí mismo, sus pensamientos y su entorno, integrando experiencias sensoriales, físicas y psicológicas. Implica el conocimiento interior del bien y del mal y la vigilia; un fenómeno complejo que abarca funciones perceptivas, intelectuales y motoras”. Y el DLE la define como el conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones.

“La inteligencia artificial es [otra vez según la IA] un campo de la informática que busca replicar capacidades cognitivas humanas mediante máquinas y algoritmos. A diferencia de los sistemas tradicionales, la IA moderna no solo sigue instrucciones, sino que puede razonar, analizar y planear antes de responder”. La inteligencia es una capacidad mental general para razonar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas, planificar y aprender rápidamente de la experiencia. Implica adaptar el comportamiento al entorno, procesar información y combinar conocimientos previos con los nuevos.”

Según la IA: “Artificial describe todo lo producido, fabricado o creado por el ser humano, en contraposición a lo natural. Se utiliza para imitar o sustituir elementos naturales, abarcando materiales sintetizados, objetos manufacturados o conceptos como la IA. Su origen etimológico proviene de la técnica ‘ARS’, no siendo un proceso natural”. Según el DLE es lo perteneciente o relativo a las aplicaciones de las ciencias y las artes.

Y, para terminar por ahora y según la IA: “La diferencia fundamental es el origen: lo natural proviene directamente de la naturaleza sin intervención humana significativa (agua, madera, animales), mientras que lo artificial es fabricado por el ser humano utilizando materias primas naturales para satisfacer necesidades, como plásticos, edificios o herramientas”. Tal como el DLE lo define: hecho o producido por el ser humano.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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