Columnistas
Mucho más que una rumba larga
El concierto de la Pacífico Big Band Fem fue una muestra poderosa de talento, sororidad y excelencia.
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4 de ene de 2026, 12:58 a. m.
Actualizado el 4 de ene de 2026, 10:46 p. m.
Hay balances que trascienden las cifras, porque están más ligados a las expresiones del alma, y en ellas, lo que deja cada momento se evidencia en la sonrisa que se guarda como un tesoro y se convierte en combustible para seguir. Eso es lo que nos pasa cada fin de año a quienes vivimos la Feria de Cali con la intensidad que ella trae y con la autenticidad de la cultura que nos atraviesa.
Cada espacio se convierte en una celebración que alimenta la vida, siendo el reencuentro lo más valioso; el vernos con aquellas personas que hacen parte de nuestros afectos, abrazarlas, compartirles lo vivido y desearles ‘que entre el bien y lo malo se vaya’.
Lo demás, que no es lo de menos, se queda grabado en la retina y en la memoria sonora. Hay un evento que late como el corazón mismo de la Feria: el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas y, a su lado, el componente académico de El Jaragual. De manera muy especial, el Día de la Mujer en la Música Afrolatina, celebrado el 27 de diciembre, en el que se escucharon voces femeninas de nuestra cultura, programadas por mujeres que cuidan y proyectan ese legado. El concierto de la Pacífico Big Band Fem fue una muestra poderosa de talento, sororidad y excelencia.
En otro punto de la ciudad, el barrio Obrero, epicentro de la Ruta Cultural y Turística de la Salsa, fue maravilloso ver a los visitantes recorrer sus calles, entrar al Museo de la Salsa, a Melassa, La Matraca, Cali Vinyl, La Nellyteka y tantos otros espacios. También, observar ese río humano que se extendió por la 25, en la Calle de la Feria, dejando una postal inolvidable. Allí, el Grupo Niche, la Orquesta Femenina Canela, Los Traviesos, Jimmy Saa y Guayacán compartieron escenario el 30, en una noche memorable.
La Feria también se gozó en las tascas, en las coreografías espontáneas, los coros compartidos y las amistades que nacieron al calor de la fiesta. Los grandes artistas elevaron la experiencia en espacios como la fiesta de Chivas del 25, donde Víctor Manuelle recordó que su primera salida internacional fue a Cali, hace 30 años, mientras que en el Superconcierto del 27 Marc Anthony reafirmó que fue aquí, donde todo comenzó para él.
Los conciertos del Jorge Isaacs, el Centro de Eventos y la Arena USC; las noches solidarias en las tascas del norte; los espectáculos del Mulato Cabaret, Delirio y Ensálsate brillaron cada noche. También la Topa Tolondra, que el 29 nos regaló un momento entrañable junto a Andy Montañez, con las hojas blancas que siguen cayendo, a sus 83 años, llevándonos de viaje a un verano en Nueva York y elevando una plegaria para que ‘no se pierda mi hijo, que no se pierda, no’, y recitando la poesía hecha canción, en Milonga para una Niña.
Los seis días de fiesta reunieron a cerca de dos millones de personas, con más de 110.000 visitantes, logrando una ocupación hotelera del 88 % y cerca de 8,2 millones de dólares en ingresos turísticos. Pero más allá de las cifras, lo que queda y nos reafirma es que la Feria de Cali es una gran cita con la identidad, donde la ciudad se reconoce y se abraza, y donde el encuentro, más que casualidad, es un regalo. Para sus amantes infaltables, que somos tantas y tantos, la Feria es mucho más que una rumba larga; es una forma de celebrar lo que somos y de atesorar lo que la vida nos regaló, porque ¡Cali es Cali, señoras, señores, lo demás es loma!
@pagope

Comunicadora Social - Periodista y Docente de la Universidad Autónoma de Occidente. Caleñísima. Con 26 años de experiencia en una sala de redacción. Entiende el periodismo como una pasión, pero sobre todo, como una manera de transformar y servir a la sociedad. Ciudad, paz, género y niñez, los temas que le apasionan.
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