La mora del general
Sin reato de conciencia se atreve a decir que Santos “arrolló la ética, la moral, la justicia, la vida y la lucha de tantos años de los colombianos de bien”.
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15 de dic de 2021, 11:40 p. m.
Actualizado el 18 de may de 2023, 07:34 a. m.
Abomino de los faltones, de esas personas que no honran la palabra empeñada, que firman un documento y cuando la obligación que allí consta se hace exigible, sacan disculpas para eludir el pago. En mi ejercicio profesional he visto casos aberrantes en los que son protagonistas sujetos de esa laya.
Siempre tuve al general Jorge Enrique Mora Rangel como uno de los mejores oficiales del Ejército. Hombre serio y discreto, jamás le vi una actitud que lo rebajara del concepto que de él teníamos sus compatriotas.
Sus plurales soles del generalato y su pecho “ulcerado de condecoraciones”, como decía Jorge Zalamea, lo convertían en paradigma de lo que debe ser un soldado de la patria. Su paso por las distintas brigadas del país le dieron fama de recio combatiente de los grupos guerrilleros, que le tenían como su más duro adversario. Sin una tacha salió de las filas con la frente en alto y con el reconocimiento de las tropas y de la población civil.
Cuando el presidente Santos tomó la decisión de adelantar un proceso de paz con las Farc, guerrilla que el Estado había sido incapaz de derrotar militarmente en un conflicto de más de 50 años, les propuso que iniciaran un diálogo tendiente a silenciar los fusiles de ambos lados.
Luego del desabrido encuentro preparatorio en Oslo, en el que ‘Iván Márquez’ casi acaba con el proceso antes de iniciarlo, Santos insistió, y con la buena voluntad del gobierno cubano, se dieron comienzo a las conversaciones en La Habana. Las Farc cometieron el error de dilatar por cinco años la suscripción del acuerdo, pero al fin se logró firmar en Cartagena, y después la ratificación en el Teatro Colón. En ambos lugares, el general Mora estampó su rúbrica, sin ‘salvamento de voto’, sin objeción alguna a lo pactado.
Pero he aquí que transcurridos cinco años de la doble suscripción del Acuerdo de Paz que sacó del conflicto a 15 mil guerrilleros que cometieron toda suerte de crímenes atroces en el medio siglo que tuvieron en jaque al país, el bizarro general publica un libro -Los pecados de la paz- en el que se viene lanza en ristre contra el acuerdo del que fue firmante, y suelta una andanada perversa contra Juan Manuel Santos, que fue quien lo llevó a la mesa de negociación.
No hubo en ese lustro una sola crítica del General a lo que se iba acordando. No emitió voz de alerta al presidente. No expuso ningún reparo al jefe de la delegación Humberto de la Calle. Todos creíamos que el viejo soldado estaba conforme con lo resuelto, y sobre todo porque su Ejército dejaba de ser objetivo militar de esa insurgencia.
Sin reato de conciencia se atreve a decir que Santos “arrolló la ética, la moral, la justicia, la vida y la lucha de tantos años de los colombianos de bien”.
Buen primor, como decía el magistrado Vicente H. Cruz. Y si pensaba que Santos hacía eso por qué no renunció; por qué no se vino de Cuba a gritar lo que allí sucedía; y por qué firmó el Acuerdo en dos oportunidades, sin crítica alguna.
Ahí lo vi mal, General. En derecho, incurre en mora la persona natural o jurídica que al vencimiento de una obligación, la incumple. Usted, haciendo honor a su apellido, entró en mora desde el día en que concluyó que no le gustaba el tránsito de las conversaciones.
Y como si todo eso no fuera bastante, prologa el infame libro Néstor Humberto Martínez, enemigo acérrimo del Acuerdo, y uno de los más funestos actores de la política criolla. Tal para cual.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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