Trump en pánico

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Trump en pánico

Abril 05, 2020 - 11:55 p. m. Por: Guillermo Puyana Ramos

En las últimas ruedas de prensa, las que da obligado por la crisis del Covid-19, el presidente Donald Trump se ve cansado y desorientado, más furioso de lo habitual, en momentos que su país y el mundo necesitan un liderazgo constructivo. En cambio, atorado por el hueso que se le atravesó desde cuando dijo que el virus era un engaño demócrata y que era peor una gripa severa, ahora trata de distraer la atención, mientras el virus avanza por todos los Estados Unidos y arrasa con la vida de miles de personas.

La situación es tan grave que ninguna de las antiguas estrategias le está funcionando y en aquello que debería ir al comando, está cayendo en el descrédito, pues no hay país que le siga la línea cuando al interior de cada frontera hay crisis sociales en ciernes y gobiernos tambaleando.

En solo una sola semana, Trump intentó nuevas modalidades de sus confrontaciones internacionales preferidas: atacó a China y a Rusia y anunció dos posibilidades de confrontación internacional militar en un solo día, el 1 de abril: a Irán le dijo que “pagarán un alto precio” ante un riesgo bastante impreciso de ataques iraníes en Iraq y a Venezuela, con el ropaje de operaciones antidroga. Iniciativas a las que nadie se sumó, menos en América Latina donde sus más probables aliados incluyendo Colombia, no están para sacar sus ejércitos a ir a Venezuela a tumbar a Maduro; el gobierno de Duque se las ve en aprietos para contener la rebelión de los alcaldes por las medidas contra el Covid-19 y si problemas con venezolanos quiere lidiar el gobierno colombiano, basta con ir a Soacha o llamar a Cúcuta para que le cuenten cómo es el polvorín social que tenemos adentro.

A Trump lo mortifica que no le hagan caso tanto como que los periodistas le pregunten por qué no está en la rueda de prensa el doctor Anthony Fauci, único del grupo de trabajo de la Casa Blanca con algo de credibilidad, que habla con la verdad de la ciencia en el pandemonio creado por la ira del presidente y su necesidad de que no le pregunten más por qué menospreció el virus y sobrevaloró su estrategia para contenerlo. O que le recuerden que el 24 de marzo dijo que el aislamiento social debería terminarse en Pascua porque ese era un “momento hermoso” para hacerlo.

A la sarta de desaciertos se suman las revelaciones que su gobierno tenía desde hace años una artillería legal para contener una pandemia de influenza, con una constelación de instrumentos denominados con siglas y que ninguno funcionó, ni el PIP, ni el Gisrs, ni el Irat, ni el Psaf sencillamente porque no está funcionando el Potus (Presidente of the United States) que está paralizado.

Pero el jueves ya fue increíble, Mike Pence anunció que el yerno de Trump, Jared Kushner quedaba a cargo de la estrategia contra el coronavirus, sin ningún mérito o experiencia que lo justifique. Nombrar a Kushner, un cascabel sonoro de conflictos de interés, en una posición tan importante para la vida y superviviencia de miles de americanos, es como soltar monos en una cristalería. Su debut mostró que no entendía en qué se había metido y se equivocó al hablar del uso del inventario estratégico: “No es para los Estados, sino para nosotros”, dijo, sin precisar quiénes eran “nosotros”, pero el inventario estratégico es precisamente para distribuirlo a los Estados.

El gobierno Trump no está siendo constructivo ni cuerdo en esta crisis, mal socio para acompañarse cuando se requiere sabiduría y cooperación internacional.

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