Prudencia al mando
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Prudencia
al mando

Mayo 16, 2021 - 11:55 p. m. 2021-05-16 Por: Guillermo Puyana Ramos

Es impresionante ver cómo funciona de mal una sociedad en la que entran en juego y están en contradicción dos visiones del mundo diametralmente opuestas. Por lo menos en Colombia eso no se había visto a tal escala desde, digamos, La Violencia. Ni siquiera el narcotráfico fracturó la sociedad a tal escala como lo ha hecho la pobreza, mezcla altamente inflamable de una historia prolongada de segregación social, indiferencia de una dirigencia que creyó que los problemas se resolvían por el cómodo método de ignorarlos, con situaciones coyunturales como la pandemia y la entrada de 2 millones de desplazados venezolanos a un país que nunca fue muy abierto con los migrantes y que además traía un desempleo cada vez más visible. Por mucho que los estadísticos se esfuerzan en disfrazar la crisis de empleo de las familias, la calle habla por sí sola.

Multipliquen por diez y proyecten indefinidamente los efectos de las dos últimas semanas y tendrán una buena idea cercana de lo que es un país en violencia política permanente y general. No solo en muertos y destrucción, sino en el colapso de la economía porque las arterias de la circulación se cierran. Y si quieren ver cómo es una guerra, ahí está el espejo de estos quince días, el factor multiplicador no será por diez, sino por miles.

¿Está lista esta sociedad para dar ese paso? Los que creen que todo se resuelve con más Esmad, o, peor aún, con menos Esmad y más Ejército, están creyendo que el problema es solo de vandalismo y bloqueos y no ven la marejada de gente detrás y delante de los vándalos. Es en esa parte de la foto que no quieren ver donde está la clave para darse cuenta que es absurdo decir que todo este descontento y la capacidad de bloqueo del país es el resultado de un puñado de vándalos. Son dos proposiciones que no pueden conciliarse, no puede ser cierto que un manojo de encapuchados arrincone a un Estado supuestamente al mando de una sociedad unida contra el vandalismo y que apoya la protesta pacífica, eso es la confesión de la inutilidad del Estado. Miren las fotos del sábado en el monumento de Los Héroes en Bogotá, ahí está la verdad, no es un grupo de vándalos, es una inmensidad de gente descontenta.

Una vez se fue a otro lado Alberto Carrasquilla con la sonrisa cínica que se le salía cuando hablaba cómo iba a apretar a la clase media y la importancia que le daba al grado de inversión sobre las necesidades de la gente, llegó José Manuel Restrepo, que por lo menos no parece un pirómano prendiendo un cigarrillo con una antorcha de gasolina mientras está sentado sobre un barril de pólvora. Ese es el tipo de personas que deben estar a cargo de la situación en este momento.

También está bastante centrada la gestión que viene haciendo Miguel Ceballos, que había tenido encontrones verbales con la oposición que en el fondo se convertían en talanqueras a su gestión. Pero en el paro es el que ha salido a corregir desde el gobierno posturas que alejaban la posibilidad de una negociación directa con los representantes del paro.

Desde la orilla donde los recalcitrantes piden sangre y llamas, atacan también a Restrepo y a Ceballos por débiles, pero esta es la gente que debe estar a cargo, no los otros. Ahora necesitamos personas que tengan la lengua conectada al cerebro y eso escasea en estos dìas en Colombia, unas veces por falta de cableado y otras por falta de terminales.

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