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La entelequia del voto hispano

Octubre 04, 2020 - 11:55 p. m. Por: Guillermo Puyana Ramos

Cada cuatro años la ciencia política criolla se encuentra para teorizar sobre dos cosas en relación con las elecciones presidenciales en Estados Unidos: con cuál candidato le iría mejor a Colombia y cómo el voto latino definirá al ganador. Es una especie de ‘bobaliconería’ colectiva que asume por un lado una importancia de Colombia en la política americana que definitivamente no tenemos, y por otro que los latinos son una masa homogénea y no una colcha de retazos, con identidades partidistas muy disímiles entre Estados e inclusive entre generaciones.

Esa presunción lleva a la idea errada, por ejemplo, que en 2016 Donald Trump ganó en Florida gracias a los latinos. De hecho, Hillary Clinton aplastó a Trump en cuatro condados con más votantes: Miami-Dade, Hillsborough, Palm Beach y Broward. El triunfo de Trump en Florida se lo debe a los blancos. Lo mismo pasó en Pennsylvania, donde tres de los cuatro condados con mayor voto latino se fueron por Clinton, que perdió el Estado por 40 mil votos.

La prueba ácida puede hacerse inclusive en Texas. Los condados de Starr, Webb, Maverick, Zapata y Zavala tienen poblaciones latinas superiores al 90% y votaron con Clinton. Si se toma por población, Clinton ganó en 4 de los primeros 5 condados de Texas, pero en el resultado global Trump le ganó por 10 puntos y casi un millón de votos. Otra vez lo que jugó en favor de Trump fue la ruralidad blanca, pues el 61% de los latinos de la estrella solitaria votaron por la demócrata.

Los latinos no definen las elecciones de los Estados Unidos ni siquiera donde son mayoritarios y hay muchas razones para eso, pero creo que además de la heterogeneidad, es que no son votantes disciplinados, ni para registrarse ni para votar efectivamente. De los votantes hábiles, los blancos se registran en un 71% y los negros en un 64%, los latinos solo la mitad. A la hora de votar, los blancos lo hacen en un 58%, los negros en el 51% y los hispanos en el 40%.

Estados Unidos sigue siendo predominantemente blanco (62%) y negro (13%), razas que con comportamientos electorales mucho más sólidos que los latinos, llevan a que el peso específico racial de estos dos grupos siga siendo la fuerza definidora del triunfo o fracaso de un candidato. Los latinos son marginales, aunque su población siga creciendo. De hecho, la estadística tiene la dificultad de medir bien a la población latina porque muchos prefieren identificarse como blancos y eso explica que ciertas mediciones lleven la población blanca al 71%.

Cuando el grueso de la votación está concentrado en dos razas que tienen mucha disciplina electoral, la estrategia de ganar los votos latinos suele ser sugestiva y le da ocupación a los politólogos, pero está bastante alejada de la realidad política norteamericana. Es más importante saber dónde están poniendo los recursos los partidos, porque la política sigue siendo de base, hay que registrar votantes y llevarlos a votar, trabajo que es puerta a puerta y persona a persona, eso no se hace por Twitter.

Las elecciones norteamericanas son apasionantes porque tienen consecuencias enormes en el mundo, pero más que todo porque es la política de base en movimiento, política pura y dura. Hillary Clinton se equivocó en 2016 no por no captar el voto latino, sino porque orientó sus esfuerzos a ganar la población negra que es decididamente demócrata y a los blancos de Nueva York y California, cuando debía pelear por los blancos de Florida y el cinturón industrial. Eso fue lo que le advirtió Michael Moore.

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