La Corte de Chespirito

La Corte de Chespirito

Junio 30, 2019 - 11:55 p.m. Por: Guillermo Puyana Ramos

La forma en que la Corte Constitucional comunicó su decisión sobre las normas del Código de Policía para el control de consumo de alcohol y sustancias psicoactivas en lugares públicos, fue tan desafortunada que parece del personaje de Chespirito, que decía “como yo digo una cosa digo otra, es como todo, porque es que hay cosas que ni qué”.

La cereza del pastel fue la declaración de la presidenta de la Constitucional, Diana Fajardo, diciendo que los magistrados se sentían “incomprendidos”, por “algunas personas en redes sociales” y acusaba su uso político por algún sector que no identifica. Vaya, nuestros magistrados están desorientados porque no los comprenden y en redes sociales los cuestionan políticamente. Qué contraste con el coterráneo de la doctora Fajardo, el exmagistrado José María Velasco que cuando lo acusaron de haber tumbado por razones políticas la pequeña constituyente de López, respondió que en efecto su fallo había sido político, porque se basaba en la Constitución Política.

La causa de este desastre es sin duda que la Corte Constitucional (no la Suprema que recuerde), insiste en sacar comunicados o dar ruedas de prensa sobre los resultados de las discusiones de sus salas, que no son fallos finales, porque si son decisiones divididas pasan por un largo proceso de redacción de salvamentos de voto sin los que no puede emitirse la sentencia, de manera que los comunicados no existen. El resultado es que la Corte crea la turbulencia sobre motivos que se conocen semanas después, con el daño ocasionado.

La segunda causa es que la Corte viene tomando decisiones muy complejas, pero para un país que tampoco existe, porque no aterriza en nuestra realidad concreta, cosa que es más frecuente cuando el derecho involucrado es el muy abstracto y poco digerido libre desarrollo de la personalidad, usado hasta para permitir que los presos tengan pornografía en sus celdas.

Todo eso se revela en las entrevistas y comunicados. La tesis de que no podía avalarse una prohibición general desconoce precisamente que el problema es general, se ve en todos los espacios públicos a todas las horas. También ignora que el consumo de drogas y alcohol en espacios públicos es una arista del microtráfico porque la punta compradora suele anidar en esos espacios públicos.

Según la magistrada Fajardo la limitación podía imponerse, pero para casos concretos y por los alcaldes. En la práctica eso es anular una herramienta legal para fraccionarla en 1122 decisiones locales, es decir 1122 instancias de negociación corruptibles; muchos de ellos ignorarán el problema para no enfrentarlo, porque la explicación no aclara si a la vez puede haber prohibiciones generales dentro del municipio, porque la presidenta de la Constitucional introduce tanta confusión que habría que preguntarle como Chespirito, “¿qué cosa dices que dices que dijiste?”.

Tampoco escogió bien los ejemplos para explicarse. Cuando el ataque viene porque se está exponiendo a los niños en los parques públicos, ripostar que eso sería como prohibir los pellizcos para proteger a las mujeres, o vender celulares para proteger a las víctimas de hurto es desafortunado.

La Corte Constitucional puede fácilmente olvidarse de comunicados y ruedas de prensa. Más complicado es precisar los alcances del libre desarrollo de la personalidad, pero el debate es necesario, se necesitan argumentos constitucionales precisos que no dejen abiertos los debates para imprimir seguridad jurídica. Sería óptimo que las sentencias fueran más cortas, pero este país cree que más largo es mejor, pero lo sucedido prueba lo contrario. Mejor no ver otra vez a la Corte explicándose de una manera tal que la reflexión que provoca sea “¿qué es lo que está pretendiendo tratar queriendo insinuar?”.

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