Covid-19 y los dinosaurios en Venus
En un episodio de ‘Cosmos’, Sagan ilustró cómo los humanos tienden rápidamente hacia tesis absurdas desconociendo la ciencia.
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El astrónomo Carl Sagan (1934-1996) famoso por la extraordinaria serie televisada: ‘Cosmos: un viaje personal’, con una audiencia de 500 millones de personas cuando el planeta tenía 4500 millones de habitantes, nutrió de ciencia a uno de cada cinco humanos en 1980. Hay que recordar a Sagan por estos días en que por el mundo se expande la ‘infodemia’ a una velocidad mayor que la pandemia; la repetición de teorías sin fundamento ya está afectando a personas usualmente sensatas e inteligentes.
En un episodio de ‘Cosmos’, Sagan ilustró cómo los humanos tienden rápidamente hacia tesis absurdas desconociendo la ciencia, con una historia del Siglo XVII: cuando se hizo el primer avistamiento con telescopio de Venus no se pudo ver la superficie, desatándose la siguiente cadena especulativa: si no se ve nada es porque está cubierto de nubes, por lo que debe ser muy húmedo y por lo tanto, lleno de pantanos, como la tierra en el Jurásico, entonces debe haber dinosaurios. Sagan resumía: “Observación: nada; conclusión: dinosaurios”.
A veces la cosa no es tan anecdótica. Pasan décadas antes que la ciencia se imponga sobre la superstición o se reconozca un error contra la ciencia: desde la tortura y muerte de Giordano Bruno y el pedido de perdón de la Iglesia por haberlo asesinado por heliocentrista, pasaron 400 años.
Según el portal LiveScience el 41% de los americanos cree que los atentados del 11 de septiembre fueron planeados por el gobierno estadounidense. Otro tanto cree que el Gobierno reemplazó los tubos fluorescentes por compactos porque vuelven a la gente más obediente. No hay evidencia de una cosa u otra y sí varias en contra, pero la mayoría de la gente lo cree.
Igual pasa con las teorías sobre el Covid-19, especialmente la de que el virus fue creado en un laboratorio chino. Hay cientos de documentos científicos occidentales que dicen que eso no es cierto ni posible, ni que sea un virus mutado que escapó accidentalmente de un laboratorio en Wuhan; el australiano Edward Holmes, experto en virología evolutiva del Instituto Marie Bashir de Enfermedades Infecciosas y Bioseguridad de la Universidad de Sydney dijo que se requerían entre 25 y 50 años para que se diera un cambio genético de la magnitud que los medios dicen que pasó en unos meses. Pero según el Pew Research Center esta teoría es creída por el 33% de los americanos, sobretodo jóvenes, hispanos, poco educados y republicanos.
Las teorías conspirativas son peligrosas porque desatan la discriminación y la agresión como está pasando contra China. No importa cuántas veces su gobierno muestre el reporte del 31 de diciembre de 2019 a la OMS sobre los casos atípicos detectados en Wuhan que activaron las alertas, la gente sigue diciendo que lo ocultaron hasta finales de enero, a pesar de que en todo el mundo ya se hablaba del virus.
Las noticias falsas desataron una ola de atentados contra las torres de telefonía en Birmingham y Merseyside en Inglaterra porque otra conspiración decía que el virus se transmitía por la red 5G; teoría calificada como “basura” por Simon Clarke, profesor de microbología de la Universidad de Reading.
Ya las cosas van en que el virus habría sido financiado por Bill Gates, a través del Insituto Pirbright que pidió una patente para una vacuna en 2015. Esta vez la mentira empezó en YouTube y se expandió en redes empujada desde Infowars, un portal del fanático Alex Johnes, un aliado de Trump dedicado concluir en dinosaurios sin ver nada, con una enorme audiencia entre jóvenes poco educados y republicanos.
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