Un señor empresario

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Un señor empresario

Febrero 23, 2020 - 06:50 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Nuestro país cuenta con cientos de miles de empresarios, en las ciudades y en el campo, en el sector formal e informal. Seres humanos que se levantan a diario para ponerse al frente de un negocio, grande o pequeño. Generadores de empleo y riqueza. Expertos en éxitos y fracasos, en capotear los buenos y malos vientos y, ante todo, con una capacidad admirable de persistencia y resiliencia, de reinvención, de no darse nunca por vencidos.

Empresario no es solo el ejecutivo encumbrado. Lo es el que madruga a ordeñar su vaca, el dueño de una miscelánea, el que fabrica o vende muebles y zapatos, transforma cacao en chocolate, ladrillos en viviendas, talentos en servicios. Ideas, en progreso. Unos son honestos y otros crápulas, unos tratan bien a sus empleados y otros los humillan. Unos se esmeran al hacer su producto, a otros no les importa. Hay de todo, como en la botica.

Lo que hay muy pocos, son empresarios que no solo se preocupan por la rentabilidad de su negocio, lo cual es necesario, sino por la felicidad de sus empleados, la satisfacción de sus clientes y proveedores, el bienestar de la comunidad, y un desarrollo sostenible. Pocos tienen un concepto diferente de riqueza y creen genuinamente, que no se trata de acumular dinero sino hacer que a todos los que participan en la cadena les vaya bien.

Uno de ellos es David Bojanini, quien convirtió un legado empresarial muy importante, en uno de los más grandes del país y de la región. Dedicó su vida a buscar cómo proteger a quienes, en algún momento de su vida, son vulnerables al ver diezmada su capacidad laboral. Lo hizo, además, con sencillez y sensibilidad, en especial por los jóvenes. Y todas las semanas dedicaba unas horas a escuchar a sus empleados, independiente del cargo.

Empezó desde abajo, como analista de seguros. Y coincidió su sueño de ser un experto actuario, es decir en riesgos financieros, con el de la empresa para la cual trabajaba, que lo apoyó en irse a estudiar al exterior. Regresa y crea, partiendo de cero, una de las más importantes administradoras de fondos y pensiones. Fue el pionero en Colombia de los fondos privados de pensiones, que hoy les dan tranquilidad a millones de colombianos.

En carta de renuncia al grupo empresarial en el que trabajó durante 40 años, trece como su presidente, afirma: “Aquí he encontrado valores que considero esenciales y que he aprendido de grandes líderes, genuinos representantes de una cultura definida por la ética empresarial, el gobierno corporativo, la sostenibilidad, la coherencia, el sentido humano y la sensibilidad social.” Valores que encarna y transmite con la sola presencia.

Ser empresario no es fácil, aunque muchos lo son. Pero ser un señor empresario es bien difícil y pocos lo son. Él es uno de estos. Pocos empresarios como él ha tenido y tiene el país. Deja una vara muy alta en la organización a la que dedicó su vida, en los gremios que impulsó, y en especial, en el nuestro, país extraño en el que hacer empresa es una odisea y no se valora la iniciativa privada, pero se exige el bienestar que solo esta crea.

Su mirada serena, su silencio elocuente, sus palabras precisas, su criterio preclaro, sus directrices en hierro, harán falta. “De una manera diferente, y manteniendo mi espíritu emprendedor, continuaré trabajando con optimismo por mi país”, ha dicho. Que así sea, pues Colombia aún necesita de él. Más en una época convulsionada, de incertidumbres y miedos, aspiraciones y sueños. Que David Bojanini se jubile del Grupo Sura, Colombia lo acepta. Lo que no acepta es que se jubile tan pronto de continuarle sirviendo al país.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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