Las relaciones nómadas

Octubre 29, 2021 - 11:45 p. m. 2021-10-29 Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Los comportamientos al interior de las parejas hacen parte de los cambios sociales más notorios. Por ejemplo, cada vez más parejas, incluso con buena relación matrimonial, duermen en habitaciones separadas ahorrándose los conflictos que generan la lectura hasta tarde, los ronquidos, los gases intestinales, el chateo y hasta la selección de la programación de televisión. Cansados de “¿Hasta cuándo ves el programa de la vida de Isabel Pantoja?” o “¿Y para qué sigues viendo canales porno, si no los vas a poner en práctica?”, cada cónyuge toma su camino en la noche y selecciona en su habitación su propia lista de gustos. Creo que la variedad de alternativas tiene que ver con ese paso.
Nuestros padres ni siquiera tenían televisión en el cuarto, no usaban celulares y todo lo que este contiene, así que compartir en pareja, grata o aburrida, era el inevitable camino.

¿Y qué tal el plan ‘toalla’? ‘Tú allá y yo acá’ se convirtió en el mantra de muchísimas parejas. Hace unos días una amiga me decía que le encantaban aquellos novios de maleta chiquita, es decir, de visitas fugaces y no de larga permanencia. Recordé a otra amiga que le dijo a su novio “Ya tienes tres camisetas en el armario. Llego al momento de bajar el inventario”. Como quien dice, no quiero que te traslades a vivir acá.
Nunca volveremos a oír las historias de los maridos en fuga de antes quienes lentamente iban pasando sus ropas a la casa de la amante. Ésta, feliz, veía llenarse el armario con ropa del galán. Es famosa la historia de un político vallecaucano quien se trasteaba por etapas y el último tramo de la fuga furtiva era con las pantuflas y el gato. Como era un seductor profesional, creo que al final al siquiatra no solo iban las amantes abandonadas, sino el gato, quien perdía el sentido de orientación con tanto cambio de inmuebles.

El grado de sofisticación de la independencia en las viviendas de parejas es convivir en el mismo edificio, pero en apartamentos en diferentes pisos. Algunos corren el riesgo que la única propiedad horizontal que funciona es la del edificio, pues la horizontalidad de la intimidad termina escaseando. De pronto en la asamblea de copropietarios o en los comités de convivencia.

Lo más gráfico que he escuchado sobre estas relaciones itinerantes, fue el de una amiga separada que me confesó “A mí me fascinan los calzoncillos masculinos, pero no en mi clóset. Rico verlos en el baño, la cocina o incluso colgando de la lámpara, pero no me interesan en mi armario”. Estas son las expectativas de muchas de nuestras damas: relaciones fascinantemente gitanas.

VER COMENTARIOS