Empresa estructural

Julio 02, 2021 - 11:45 p. m. 2021-07-02 Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Frente al difícil momento económico que vivimos, un grupo de jóvenes visionarios han encontrado una oportunidad empresarial insospechada hasta hace poco: Una fábrica de estatuas. El nombre de este emprendimiento tuvo largo debate, pero finalmente fue: “Esculturas en la Lona SAS”, su sigla será Esculonas.

La oportunidad de negocio es irrepetible: los jóvenes en muchas partes del mundo decidieron derribar la estatuaria. Independientemente de quien está encima del pedestal, siempre hay una razón para tumbarla: por genocida si es conquistador; por débil si es sacerdote; por conciliador si es negro; por racista según el grado de melanina de la región donde se hallen; por traidora tumbaron una bella escultura de una indígena porque sedujo a algunos conquistadores. Quienes la derribaron olvidaron que en la cama ellas ganan trascendentales batallas, así ellos queden con gratos recuerdos.

En Bogotá han querido derribar la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, de quien la historia dice que convivió con una indígena llamada Mariquita. Posiblemente lo tumben por Mariquita. Ante la diversidad de argumentos en cada caso, se deduce que lo importante es derribarlas.
Nadie se está salvando, ni Lenin, ni Mao, ni Colón y mucho menos Belalcázar. Se han tumbado estatuas incluso por no saber quiénes eran y no alcanzaron a llegar los académicos a relatar los logros del homenajeado. Me contaron un caso patético: la familia de un prócer vio venir una turba enardecida y con la ilusión de preservar la escultura, le pusieron un aviso: “Favor no defenestrar”. La turba tumbó la estatua porque no podían permitir que el prócer usara palabras incomprensibles para ellos.

Los emprendedores de Esculonas han identificado que ante la cantidad de pedestales vacíos que quedarán, el mejor negocio es vender estatuas para llenarlos. El portafolio que ofrecen es impresionante: Maduro leyendo un libro al revés; Chávez vestido como Simón Bolívar; Petro con tacones; Feliciano Valencia fusionado con Rico MacPato; todo impecablemente calculado, tanto que ya están planeando el portafolio de las esculturas que reemplazarán a estas pues se prevé que el revisionismo histórico permanecerá varias décadas especialmente en Colombia y que la ausencia de una clara identidad nacional facilitará el proceso de no saber a quién rendirle tributo.

El eslogan de la empresa es una frase del sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos: “Los monumentos tienen, en efecto, orígenes turbios”. La única salvedad que hacen en Esculona es que la escultura de Puerto Rellena no es de su empresa. Ellos cuidan su futuro y nadie les perdonaría un mal presente.

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