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Cumpleaños 76: el talento que no se puede enterrar
Cada generación de este periódico heredó una versión distinta del oficio: del linotipo al offset, del plomo caliente a plataformas como ‘El País Denuncia’...
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26 de abr de 2026, 12:54 a. m.
Actualizado el 26 de abr de 2026, 12:54 a. m.
Esta semana, con la misa de siempre y el bizcocho tradicional, celebramos los 76 años de El País. Setenta y seis parece un número redondo, casi didáctico. Pero cuando uno se detiene en los archivos, descubre que la historia es más larga y más terca.
Porque El País no empezó en 1950. Empezó en 1919, cuando Ulpiano Lloreda González fundó el primer periódico con este nombre. Lo dirigió su hijo Gustavo desde una imprenta en la carrera 4 entre 15 y 16, en la casa de la familia Escobar Quintero. Si contamos desde allá, la tradición de informar a Cali y al Valle cumple más de un siglo.
La segunda fundación, la de 1950, nació en un momento político incómodo. Álvaro Lloreda había sido alcalde de Cali en 1946 y, cuando el Gobernador decidió removerlo, los dos periódicos de la ciudad, en sus propias palabras, le voltearon la espalda. De esa fricción salió el periódico moderno: 24 páginas, tiras cómicas a color, suplemento literario, corresponsales nacionales, agencias internacionales. Salió también con una imprenta Dúplex que resultó ineficaz y tuvo que ser reemplazada rápidamente por una Goss unitubular. El primer equipo falló. Se ajustó. Se siguió.
Luego vinieron los golpes. En agosto de 1956 se destruyó una vieja fábrica de jabones de la familia. En mayo de 1957, tras la caída de Rojas Pinilla, una manifestación arrasó parte de las instalaciones del periódico. Y El País siguió. Otros no. El Correo del Cauca cerró en 1939, el Diario del Pacífico en 1957, Relator en 1959, El Crisol a mediados de los setenta. En cada caso, lo que faltó no fue talento sino capacidad de ajuste. Cada generación de este periódico heredó una versión distinta del oficio: del linotipo al offset, del plomo caliente a plataformas como ‘El País Denuncia’, donde hoy la ciudadanía misma se vuelve fuente y el periodismo deja de ser monólogo.
Esta historia tiene una lección que no suele contarse en los aniversarios. No es la heroicidad de la continuidad, sino la necesidad permanente del riesgo. Cada edición importante de este periódico ha sido, en su momento, una apuesta que pudo salir mal.
A dos meses de cumplir un año en esta nueva etapa, puedo afirmar que hemos experimentado mucho. Algunas iniciativas funcionaron. Otras no. Otras están en perfeccionamiento. En todas, aprendimos. Apertura, innovación y experimentación no son caprichos; son las únicas herramientas serias para navegar la nueva realidad de los medios.
Me viene a la cabeza la parábola de los talentos. El siervo condenado no fue el que arriesgó, sino el que enterró su talento por miedo. La prudencia excesiva, en este oficio y en este momento, es la forma más elegante de traicionar un legado.
El reto que asumimos públicamente en este cumpleaños es sencillo y difícil: que cuando El País celebre sus 100 años, o los 150 desde Ulpiano, los lectores de entonces reconozcan que esta generación no enterró el talento. Que lo puso a trabajar, con todos los riesgos que eso implica.
Gracias por acompañarnos estos 76 años. Vamos por los que siguen.

Propietario y gerente general de El País de Cali. Es empresario en el sector de la tecnología de datos abiertos, además de asesor en políticas de gobierno abierto y transparencia de entidades como la Organización de Estados Americanos, OEA, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y la Organización de Estados Iberoamericanos, OEI.
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