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Recomendaciones para estos tiempos

Julio 18, 2020 - 11:00 p. m. Por: Carlos E. Climent

En estos días de incertidumbre y salidas en falso, cuando en Colombia ni siquiera hemos llegado al pico de esta pandemia, cuando vemos a los científicos más equilibrados completamente confundidos, cuando muchos países que habían superado la arremetida de este virus, inician la inexorable segunda ola, cuando llueven las opiniones encontradas (apocalípticas las unas, irresponsables las otras), no queda sino concentrarse en la forma cómo cada persona, a título individual, en su cotidianidad, le va a hacer frente a esta crisis. Reconociendo que no existe una regla única, porque la situación de cada persona o cada familia es individual, unas pocas recomendaciones prácticas podrían mejorar el manejo de la cotidianidad. El acúmulo de horas de encierro y la incapacidad de predecir lo que se nos viene, está desnudando fragilidades mentales que en tiempos de paz han estado ocultas. Por tanto, debe desarrollarse la creatividad no solo para evitar la monotonía, sino para liberar el estrés (meditación, yoga, oración, deporte, respiración, etcétera). Pues el control de la ansiedad como se ha intentado en tiempos de paz es probable que ya no funcione en periodos tan anormales como los actuales.

Los mejor adaptados a la crisis han logrado ocuparse y tienen un plan diario de actividades que cumplen de una manera más o menos sistemática.

El comportamiento en casa incluye una rutina en la cual cada miembro de la familia tiene unas obligaciones específicas que comienzan por lo fundamental: Hacer ejercicio 1 hora diaria, seis días a la semana. Alimentarse balanceadamente y dormir como mínimo seis horas cada noche, lo cual requiere una higiene del sueño que incluye una hora saludable para levantarse y para irse a la cama.

Las prolongadísimas vacaciones de los hijos representan un desafío adicional para los padres. Pero la rutina diaria es para todos, y la función de los padres no es dedicarse a “desaburrir” a sus hijos, sino a hacerlos responsables de su propias ocupaciones, tareas y actividades.

La salud mental está determinada por un equilibrio entre el deber y el placer. Por tanto, después de cumplidas las obligaciones, es preciso programar actividades divertidas ojalá en familia y preferiblemente al aire libre.

Controlar el número de horas a la semana que se está enfrente a un televisor, especialmente de cara a la noche. No obsesionarse con las estadísticas diarias del número de muertos. Seleccionar programas relajantes que levanten, no que hundan el ánimo.

La interacción social virtual debe utilizar la tecnología para conectarse con seres humanos reales y no exclusivamente con emoticones o mensajes escritos.

La recomendación fundamental, es demasiado obvia, pero no sobra repetirla: Ser muy cuidadoso en la observancia de las recomendaciones sanitarias: mascarilla, distancia física, lavado de manos y especialmente abstenerse de entrar en contacto con personas cuya conducta con relación al contagio no sea responsable.

En resumen, se trata de poner orden y desarrollar las capacidades adaptativas para intentar experiencias y actividades diferentes en todos los campos.

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