Muertes trágicas

Muertes trágicas

Noviembre 29, 2018 - 11:15 p.m. Por: Carlos E. Climent

La muerte puede ocurrir como parte de un proceso natural ya sea por la edad o por el prolongado padecimiento de una enfermedad. Pero cuando ocurre de repente o en la plenitud de la vida, se constituye en una tragedia que exige capacidades adaptativas superiores. Para los sobrevivientes se inicia un duelo muy particular pues la vida les cambia en un instante de manera brutal y muchas veces definitiva.

El cuadro clínico y las emociones de los allegados que viven tales circunstancias incluyen además del “shock” inicial y el dolor psicológico, una variedad de sentimientos. Los más comunes son la rabia, la perplejidad, los sentimientos irracionales de culpa o la vergüenza. En otros casos invade a la persona una sensación de aparente indiferencia, una especie de “anestesia emocional” que se puede acompañar de somnolencia, pérdida de la memoria o parálisis. Algunos se aíslan, se vuelven muy dependientes y altamente sugestionables. En otros, empiezan a aparecer síntomas físicos inexplicables o una sensación variable de invalidez y vacío.

Las intervenciones para atenuar los efectos de la pérdida, en los familiares más cercanos deben ser realizadas con prontitud después de la pérdida. Las pueden llevar a cabo los especialistas, pero con mayor frecuencia las hacen los familiares y amigos cercanos e incluyen, entre otras, las siguientes estrategias: *Permitir que la persona se desahogue libremente sin interrumpirla. *No emitir juicios críticos o de valor.

*Recordar que quien está adolorido
no espera que le digan nada y por lo contrario agradece la presencia silenciosa. * Ayudar a poner orden en las prioridades y en los asuntos prácticos de la vida. *Si fuera del caso confrontar y a veces contradecir, delicada pero firmemente, cuando las personas están teniendo actitudes absurdas. Aprender a tolerar la rabia que esas confrontaciones puedan generar.

*Evitar la toma de decisiones importantes durante los períodos más críticos y atenuar los sentimientos de culpa cuando éstos sean verbalizados.

*Entender que es perfectamente humano que aparezcan emociones contradictorias sobre el muerto en los que se presentan al mismo tiempo la gran necesidad por la persona desaparecida y las manifestaciones de ira o las acusaciones de injusticia.

*Recordar que se hace necesaria la consulta a un especialista si hay un agravamiento de estos sentimientos, la presencia de síntomas psicosomáticos o la reaparición de enfermedades que habían sido superadas.

*Permitir las crisis de llanto sin asustarse puede ser una de las ayudas más valiosas en los momentos difíciles. Recordar que llorar es una forma muy efectiva para aliviar la presión interna. Por lo tanto se debe evitar en la medida de lo posible el administrar calmantes a quien está llorando para que “descanse”. Pues sólo sirven para tranquilizar a quien lo administra y generalmente no cumplen ningún papel terapéutico con el doliente.
Pero tener siempre presente que, frente a la tragedia, la mejor terapia es escuchar con interés, afecto y respeto.

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