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La soledad y la pandemia

Noviembre 14, 2020 - 11:00 p. m. Por: Carlos E. Climent

Estos siete meses de pandemia han puesto a prueba las capacidades adaptativas de la gente para enfrentar la incertidumbre, pero, sobre todo, han desnudado la soledad que aflige a mucha gente y la gran importancia de la sinceridad en las relaciones de afecto.

Si se acepta que la soledad es un factor que afecta a muchos en estos momentos y se quiere contribuir a aliviarla, habría que tener en cuenta:
*A la víctima del Covid-19 que se encuentra incomunicada en una UCI, y para quien un mensaje de solidaridad, que necesariamente será a distancia, equivale a una transfusión de esperanza.

*A todo el personal de salud, incluyendo los científicos, todos ellos héroes silenciosos que han entregado su tranquilidad, y algunos su vida, para salvar otras vidas. A todos ellos les corresponden agradecimientos infinitos.

*Al anciano que vive solo y para quien una llamada telefónica de unos pocos minutos puede ser el único momento del día en el que se rompe el silencio cruel.

*Al vecino para quien el envío de un detalle, un pan recién horneado o un mensaje: “Aquí estamos para lo que necesite”, es suficiente para iluminarle el día.

*A los recluidos en hogares de ancianos o a los hospitalizados, por diversas razones, siempre les viene bien una nota que deje constancia de que alguien los recuerda con cariño.

*El moribundo, que hace rato le perdió el miedo a la muerte, lo que más agradece es tener una mano compasiva que le tome la suya y lo acompañe.

*Los más vulnerables, así no lo digan, siempre agradecen la voz de aliento y el acompañamiento desinteresado.

*Los que sufren de miedos, y no son capaces de expresarlos, se alivian simplemente al sentir que alguien se interesa por ellos, sin criticarlos.

* Los que tienen ideas suicidas y las callan, los que sufren de trastornos mentales que se agudizan en las crisis y los que tienen preocupaciones de una u otra índole, todos, se benefician si alguien tiene la generosidad de escucharlos con atención.

* A los desmoralizados por la corrupción rampante, les levanta el ánimo escuchar voces valientes que la denuncian.

*A los abrumados por la incertidumbre (de lo que le espera a la patria) generada por los mensajes polarizadores, egoístas y manipuladores de los poderosos en trance de hacerse a más poder, les conviene escuchar mensajes tranquilizadores, optimistas, generosos, honestos y solidarios.

*Pero lo que más sirve para combatir la soledad es ponerse al servicio de los demás, haciendo algo que de alguna manera contribuya al bien general. Y eso lo puede hacer cada cual desde su propia orilla, desde su quehacer cotidiano y desde el ejercicio decente de su profesión. Y no es nada tan difícil pues se logra hablando con la verdad, sin tener en cuenta las conveniencias. Recordando que los valores eternos siempre triunfan, y que si algún torcido amenaza con ganarse la partida no hay que preocuparse demasiado… pues nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

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