El espíritu servil

El espíritu servil

Noviembre 27, 2018 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

El servilismo y la humillación son las herramientas que utilizan astutos, hipócritas y mediocres para escalar social, económica, laboral, burocrática o políticamente. Algo que no logran mediante esfuerzos dignos. La frecuencia de este hecho es muy grande y si cada cual revisa a su alrededor con seguridad encontrará más de un conocido. Puede ser que nadie lo confronte, pero el servil es demasiado evidente. Lo que ocurre es que nadie tiene interés en ponerlo en evidencia. ¿Se ha escuchado, acaso, decir alguna vez? :“Oiga fulano, usted es un hipócrita”.

Al servil lo caracterizan su falta de brillo y mérito propio; su condición camaleónica que le permite, cual lagarto de cuero duro y color cambiante, acomodarse sin pudor a cualquier circunstancia que le sea propicia. Sus condiciones de oportunista de discurso lambón, adulador y seductor. Su capacidad de intriga y su presteza para llevar recados y difundir chismes. Su sempiterna habilidad para justificar sus actos. La facilidad con la que cambian sus decisiones. De esa forma, sus frecuentes volteretas, de 180 grados, les permiten minimizar las dificultades reales y los lleva a conciliar y a negociar todo.

En el mundo de la política, a este abominable personaje lo revela su principio fundamental de supervivencia: “Pollo que no se voltea no se asa”, que lo guía en su incesante búsqueda de un nuevo amo a quién sacudirle la caspa de las hombreras. Los observadores desprevenidos se preguntan: “¿Cómo así? ¿Y éste(a) no se había quemado? La respuesta es: “No. Esta especie es incombustible!” Es así como, muchos de ellos, sobreviven el paso de los años.

La gente bien intencionada es capaz de hablar claro; los verdaderos líderes de carácter recio y definido muchas veces se inmolan en el proceso de defender sus ideales. En cambio el servil es prácticamente inmortal, y a pesar de constituir una aberración psicológica y una peste social, hasta la fecha, no aparece tipificado en ninguna clasificación de los trastornos mentales.

¿Pero cómo es posible que semejante espécimen prolifere? Cómo hace para encontrar invariablemente alguien a quién servir? Las razones deben ser múltiples. Pero una de ellas es que el mundo está lleno de seres necesitados de adulación. Y el servil se acomoda y se enquista de manera perfecta en ese escenario. Allí se permite la degradación si está al servicio de una causa. Adulador y adulado en silencio hacen un arreglo en el cual ambas partes creen estar ganando algo. Queda establecida así, la versión rastrera de la simbiosis.

No debe por tanto sorprender el que a ciertas posiciones lleguen y se mantengan estos sujetos. Muchas veces, las alianzas entre mediocres son clubes muy exclusivos a los cuales no pueden entrar personas que desentonen, pues ello amenazaría la supervivencia de sus miembros. Es en resumen el sombrío y pírrico “triunfo”del servilismo. Pero su despreciable conducta no puede esconderse para siempre. Porque lo que ellos creían que nadie veía-pues el silencio de la audiencia es cruel-lo había identificado todo el mundo desde el comienzo.


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