Billones y años
Billones y años
Recobremos la agencia y el control de nuestro destino, la posibilidad de ponernos de pie para sostener a los otros, sin terminar de deprimir lo que ya está deprimido.
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17 de ago de 2026, 11:39 p. m.
Actualizado el 17 de ago de 2026, 11:39 p. m.
Expresar lo que viene en términos de billones de pesos y años de recuperación puede ser pragmático, aterrizado, tener sentido de la responsabilidad y polo a tierra, pero pierde de vista el poder del hoy y la fuerza del espíritu ciudadano.
No podemos perder agencia sobre nuestro propio destino, paralizados en soluciones que vienen del futuro lejano y de dineros provenientes de una mano invisible que un día, quizá, llegará como alivio.
O nos damos permiso para continuar soñando, o quienes ya perdieron todo lo que tenían perderán algo más: la ciudad entera, el ecosistema capaz de sostener y apoyar su retorno a condiciones de vida dignas y prósperas.
Que Cali, Pereira, Chocó, el Valle entero, no se rindan.
Quien puede alegrar a otros, que no los deprima. Quien hacía vestidos para novia lance su colección sin culpa, porque la apuesta por el amor no se detendrá jamás. Que los mercadillos de domingo retornen, y traigan sus mermeladas, conservas, velas y bordados.
Llame de nuevo al pastelero, la manicurista, el marquetero, el carpintero, la modista, el planeador de eventos, el pintor, el jardinero o la tienda de barrio, como si de esto dependiera el universo entero.
Quien vende joyas, que las venda. Quien tiene un colegio, que retorne pronto a las aulas seguras y se active el círculo virtuoso de construir el futuro. Quien procesa los dolores bailando, que baile mientras se seca las lágrimas. Quien toca un instrumento, interprete canciones tristes o alegres, pero sea el sonido su ofrenda al cielo.
Que en cuanto sea seguro abran todas las salas de cine, que los hoteles sigan operando, que los locales cerrados descorran el metal que protege sus vitrinas, que las rutas escolares regresen a las calles llenas de niños, que los restaurantes nos convoquen de nuevo y el café no deje de estar caliente en las mesas.
Que los que iban a terapia, retornen; los que pensaban invertir, inviertan; los que deseaban venir de vacaciones, vengan y los que planeaban comprar apartamento, lo compren; y los que pensaban remodelar su cocina lo hagan ahora más que nunca, y con más sentido de urgencia, en reconocimiento de que hay hogar.
Y los que pensaban quedar en embarazo sigan sus planes, y los que pensaban abrir un negocio lo hagan, y la empresa que pensaba ampliar su bodega la amplíe y quien pensaba contratar dos operarios nuevos contrate tres, y quien quería aprender un nuevo idioma se inscriba sin tardanza. Quien preparaba su boda, que se case en nombre del joven que ayer no pudo hacerlo.
Que nos sirvan de ejemplo los árboles de guayacán que, sin enterarse de la tragedia, se han vestido de lila esta semana, para recordarnos, no con indolencia sino con la pureza y sencillez de la naturaleza, que el color sigue estando permitido.
Recobremos la agencia y el control de nuestro destino, la posibilidad de ponernos de pie para sostener a los otros, sin terminar de deprimir lo que ya está deprimido.
Hablemos en términos de vida y no solo de muerte. De esperanza y no solo de tragedia. De hoy, y no solo de mañana. Cambiemos el “lo peor apenas comienza” por “lo nuevo ya comenzó”.
Usted que tiene una caja de resonancia, usted que tiene voz dentro de una comunidad, una familia, un chat, un vecindario, un conjunto residencial, una empresa, una comunidad educativa o un gremio, o grupo, o equipo, o audiencia, o manada, use su voz para inflamar esperanza.
Si acaso nos quedamos sin palabras, tomaremos prestadas las de Tolkien: “Ojalá que esto no hubiera pasado en mi tiempo —dijo Frodo. Yo también lo deseo —dijo Gandalf—, y también todos los que viven para ver tales tiempos. Pero no les corresponde decidirlo a ellos.Todo lo que tenemos que decidir es qué haremos con el tiempo que nos fue dado”.
Ese tiempo es ahora, y entenderlo vale billones.

Paola Guevara (Cali, Colombia). Escritora, periodista, editora y columnista de Opinión. Sus novelas 'Mi Padre y Otros Accidentes' (autobiográfica) y 'Horóscopo' (ficción), publicadas en español por Editorial Planeta y traducidas al italiano por Cento Autori, están en proceso de llegar al cine. Tras 21 años de destacada trayectoria en importantes medios de comunicación escritos nacionales y regionales, como Revista Cambio, Cromos, Casa Editorial El Tiempo o El País Cali, entre otros, desde el año 2022 es Directora de la Feria Internacional del Libro de Cali. Asesora en Protocolos de Familia, conferencista, gestora de proyectos editoriales y coach de escritura creativa, en la actualidad vive en Cali y escribe su tercera novela.






