¡Voltaje!

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¡Voltaje!

Septiembre 09, 2019 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

“Cuando llegue el día de mi último viaje
Y esté a partir la nave que nunca ha de tornar...”

(A. Machado)

Muchas veces pienso en Caronte, ese barquero que me recogerá algún día y remará hasta una de las dos pailas. La ardiente y crepitante, o la vaporosa y tranquila acompañada de arpas y querubines asexuados.
No sé cuál merezco y no me importa. Lo único que le pido al Creador es que en ambas encuentre millones de libros, que yo flote caliente o fresca en aguas donde burbujeen y jueguen millones de palabras, y que durante toda la eternidad pueda estar inmersa en ellas, ojalá reunida con todos aquellos que he amado y me han amado.

Mi verdadero infierno sería algún lugar aséptico, sin abecedario y sin libros. No sé qué me pondría a hacer por los siglos de los siglos. A lo mejor, con los conocidos en ese lugar vacío inventaríamos un alfabeto y empezaríamos a contarnos historias. No sé, algo haríamos. Tenemos la eternidad para inventarlo. Ya lo sabré.

Este Quinto Festival de Literatura Oiga, Mire, Lea fue apoteósico. Qué voltaje, qué cataratas de testimonios, vivencias, historias, crónicas, cuentos. No sé cómo harán María Fernanda Penilla y su equipo para disolverlas pues quedaron flotando en el aire, en cada rincón, incrustadas debajo de las sillas, revoloteando de auditorio en auditorio.

La fuerza de William Ospina tratando de abrirnos los ojos. La catarsis llena de magia y poder de Ángela Becerra. El valor de Adriana Roldán y Maximiliano Arango, madre e hijo hablando sobre la aceptación de la homosexualidad y su proceso. Fat Pandora compartiendo sus vivencias, dolores y triunfos. Andrés Newman, un prodigio argentino que vive en Granada hipnotizándonos con sus experiencias literarias. Juan Forn, el multifacético ‘che’ regalándonos sus crónicas, iluminando el auditorio de picardía e inteligencia. Piedad Bonnet, rebelde, valiente, lanzando dardos de sabiduría y describiendo esos personajes que solo pueden redimirse a través del dolor y la aceptación de sí mismos, librándose de la culpa. Alonso Sánchez Baute, compartiendo ese poema escrito sobre la vida de Leandro Díaz que nos incrusta en el paisaje y la magia de Valledupar.

El público, aquel que padece esa enfermedad crónica de amar la palabra escrita fue el gran protagonista de este Festival. Se entregó diariamente y se sumió hipnotizado en estas historias, para sanar el alma de esta cotidianidad rencorosa en que nos movemos. Los escritores, poetas, novelistas, cuenteros también desnudaron su alma y nos la entregaron sin pudor.

Conversatorios bien llevados, con altura, conocimiento, agilidad. Ningún autor tuvo que padecer del ego inmamable de algunos entrevistadores -que tanto hemos sufrido, que toman el protagonismo y no le ceden la palabra al escritor. Felicitaciones. Preguntar es un arte. No es el catecismo Astete, ni el discurso inflado y petulante.

Yo sigo envuelta, atrapada en las palabras. Ya una fila de libros me espera y se pelean por ser el primero que agarre. Tin marín...

Oiga, Mire, Lea, el primer Festival literario que se atreve a programar ocho días seguidos desde la mañana a la noche. Con llenos hasta la bandera, va a diecinueve municipios y es absolutamente gratuito. Gracias. Gracias. Gracias.

***

PD.
El ‘primero’ se llama ‘Cambiando balas por libros’. No estuvo en el Festival, pero se coló de primero. Su autoría es de Gustavo Andrés Gutiérrez, fundador de Biblioghetto, que logra grupos de lectura en El Jarillón, en Petecuy y esas esquinas donde antes se consumía drogas y ahora se consume literatura y se cambian balas por libros. ¡No digo más!

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