Testículos de colores

Noviembre 21, 2022 - 11:40 p. m. 2022-11-21 Por: Aura Lucía Mera

Escuchando a Gustavo Álvarez Gardeazábal hablar sobre las orquídeas y de cómo se convirtió en ‘orquidiota’, dan ganas de sentarse bajo ese caucho que se trajo del Orinoco, donde habitan cientos de esas flores, en su finca del Porce. Nos cuenta que todavía les habla cuando florecen. Y también de cómo cuando era pequeño veía a su tío German cultivarlas.
Cuando su tío, Elly Burckardt, Maruja Saa, Estela Molina de Bernal y José A. González fundaron, años ha, la Asociación Vallecaucana de Orquídeas, lo invitaron a participar. Fue cuando se le disparó esa pasión por esas flores enigmáticas y misteriosas.

Existen desde hace unos sesenta y cinco millones de años y se dice que los rastros de ellas más antiguos se encontraron en el Monte Bolca, cerca de Verona.

El filósofo de la antigua Grecia Teofrasto, seis siglos antes de Cristo escribió el primer tratado de botánica y cuando las descubrió las llamó Orchis, que significa Testículos, de allí viene su nombre actual, orquídea. Sin embargo, el que desató la verdadera pasión por estos testículos de colores, que tienen un sistema de reproducción muy llamativo para abejas y hongos, se adaptan a todos los climas, producen su propio néctar y no necesitan de polinizadores porque son autógamas, esta pasión, retomo, la inició Darwin.

La orquídea más alta está en Perú. Colombia tiene hasta el momento descubiertas 4.500 especies y existen miles de miles sin documentar. En todo el mundo existen, como Gustavo, cientos de miles de ‘orquidiotas’ porque siempre sorprenden, y pareciera que son infinitas sus especies.
La semana pasada se realizó en Cali la Exposición Nacional de Orquídeas. Llegaron expositores de las principales regiones del país, que aportaron plantas de especial calidad en diferentes pisos térmicos.

Más de mil plantas adornaron el recinto. El público asistente quedó embrujado durante sus dos días de exhibición. Fue visitada por expertos de la American Orchard Asociation, encargados de asignar los premios.
De destacar la presencia de cultivadores especializados como Andrea Niessen, Daniel Piedrahita, Pascal Arrendau, Julie de Jordán Manuel Almanza, José Fernando (chorizo) Londoño, Gabriel Córdoba, entre otros.

Felicitaciones especiales a Himer Holguín, organizadores y participantes de este Exposición. No es fácil traer desde diferentes regiones de Colombia estas plantas sin estropearlas. Exhibirlas, exponerlas al público y regresarlas a sus sitios intactas, como el rayo del sol por el cristal sin romperlas ni mancharlas.

Cali se iluminó con estas plantas. Testículos de colores, siempre diferentes pero siempre simétricas, autosuficientes, orgullosas. Yo les tengo respeto, a veces siento que me miran. Pareciera que vinieran del más allá. Sus pétalos cerúleos esconden sabiduría y secretos. Tengo algunas, pero no las acabo de comprender. Les voy a hablar, ¡ya les contaré!

Mientras tanto recuerdo a otros ‘orquidiotas’ del alma, como Henry Eder, Cecilia Arboleda de Calero en su casona que parecía un jardín encantado donde habitaban las catleyas, Adelaida Ángel de Bohmer, a quien en un viaje a Pasto a una exposición en bus con otros amantes de estas flores los paro la guerrilla, los requisaron y al fin, después de momentos amargos, los dejaron seguir. Solo llevaban matas y más matas. Si no estoy mal, creo que me contó que se había tragado el reloj.

Las orquídeas levantan pasiones, celos, animan a sus amantes a meterse al monte, muchas veces machete en mano. Además demandan tiempo, estudio, mimos. Algunas florecen cuando les da la gana, otras se niegan a hacerlo a pesar de los cuidados, en fin, pertenecen a un mundo, un microcosmos exclusivo y excluyente, mucho más antiguas que la humanidad. Me pregunto, ¿qué pensarán del calentamiento global? Creo que no les debe importar mucho, ellas no se extinguirán.

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