¡Mi ciudad es mi hogar!

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¡Mi ciudad es mi hogar!

Noviembre 18, 2019 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Me robo el título de un artículo que me reenviaron escrito por un ser humano único, plurifacético, sensible. Nelson Maldonado. Ecuatoriano. Periodista, médico, pianista. Me conmovió y lo considero oportuno para practicarlo en La Marcha del próximo jueves.

“Mi ciudad es mi casa. Mi ciudad es mi hogar. A veces un poco descuidada, como mi habitación, pero siempre con ese calor propio, hogareño. Si alguien cualquiera llega a mi ciudad -a mi casa, a mi hogar- y la ofende, me considero autorizado a defender mi ciudad-hogar con todas mis fuerzas y mi entereza.

No me importa si llega emplumado, con corbata, a pie sólo o acompañado. No permitiré que mi hogar-ciudad sea vandalizado por gente estúpida. Ya no tengo dos mejillas y defenderé mi ciudad-hogar, como el espacio físico y emocional en donde viven mi familia, mis hijos, mis nietos y mis amigos.

No más ofensas, no más amenazas. Rociar de gasolina a los agentes que cuidan el orden, abusar sexualmente de mujeres indefensas, blandir una granada para horrorizar a los que piensan diferente, es de anormales.

No pueden los anormales entrar a mi hogar para armar el caos, o para permitir que otros lo hagan.

Nos vemos en ese espejo de varias ciudades del continente sometidas por criminales que sólo piensan en destruir. No lo permitiremos en nuestra ciudad-hogar. Nosotros tenemos capacidad de reacción con toda la fuerza de que seamos capaces. No quiero otros Balcanes en mi ciudad, en mi hogar. No quiero otra Siria tampoco. Hemos vivido con tranquilidad de nuestro trabajo y esfuerzo.

Cierto es que hay mucho por hacer, por mejorar, y lo sabemos. Pero no será sometido por anormales que gozan hiriendo, quemando, ¡destruyendo como lo vemos diariamente en nuestra América! ¡Basta de bestias! ¡Jamás serán bienvenidos en tono de amenaza, con tambores de guerra jamás!

Debemos organizarnos como ciudad. Debemos defenderla como lo haríamos con nuestros propios hogares. Les invito”.

El Valle es nuestro hogar. Cada ciudad, cada corregimiento, cada vereda es nuestro hogar. Cali su capital es nuestro hogar. Tenemos la obligación de marchar pacíficamente, ojalá todos con camisetas blancas, símbolo de que cuidaremos cada rincón de nuestro Valle.

Que no lo dejaremos vandalizar, ni aceptaremos desmanes, vengan de quien vengan. Esta marcha no acepta la violencia. No será el recipiente de frustraciones personales, resentimientos o polarizaciones azuzadas por intereses políticos y pasiones dementes. No queremos voces incendiarias. No queremos incitar instintos primarios disfrazados de patriotismos populistas. No sabemos tampoco si los supuestos vándalos están orquestados astutamente para justificar represalias. O si son vándalos del común.

Esta Marcha la tenemos que cuidar como se cuida a un niño y todos los que marchemos no podemos dar papaya para que se desboque y pierda su fuerza e importancia. El silencio es más potente que los gritos, los insultos y las consignas rabiosas.

Yo apoyo la marcha porque quiero caminar mi rechazo a los asesinatos de líderes sociales e indígenas. A los bombardeos injustificados que siegan la vida de menores. Rechazo al exministro de Defensa Botero, por inepto y mentiroso y al actual Holmes Trujillo porque considero su nombramiento una falta de respeto con las Fuerzas Armadas, a las que admiro y sí respeto. Rechazo a un gobierno que no da pie con bola y una petición a su Presidente para que empiece a gobernar con voz propia.

Marcho por La Paz. Por el cumplimiento a los Acuerdos. Marcho porque estoy mamada de la corrupción. Marcho porque adoro mi hogar nuclear, el Valle, y el extenso, Colombia. Porque quiero un país más equitativo. Más justo. Más solidario. ¡Un país en el que quepamos todos, nos miremos de frente y nos demos la mano!

PD. No seré cómplice de vándalos ni gamberros ni de autoridades autoritarias y represivas. Tenemos la obligación, los ciudadanos y el Gobierno de que el jueves 21 sea un ejemplo de Paz.

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