Malas palabras

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Malas palabras

Febrero 24, 2020 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Las ‘Me too’ y los alcaldes de pueblo, politiqueros con ganas de agradar y complacer, funcionarios de primera, cuarta quinta categoría -todos vienen a ser iguales a la hora de la verdad- van a tener que ceñirse a las reglas de la Real Academia Española de la Lengua o lenguaje, si no quieren seguir haciendo el ridículo cuando agarran un micrófono y se aferran como náufrago a flotador.

Se acaban los “ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas, profesores y profesoras, ediles y edilas, concejales y concejalas, representantes y representantas, estudiantes y estudiantas, gobernante y gobernanta, periodisto y periodista, el piloto y la pilota, dibujante y dibujanta, el militar y la militara, el chofer y la chofera, el detective y la detectiva, y tantas idioteces que hacen no solamente los discursos, ya malos de por sí, eternos, sino que provocan risas nerviosas, y nadie le pone atención al contenido, si es que lo hay.

Recuerdo cuando en España algún genio, o genia, le dio por quitar la Ñ. Eso se volvió un zambapalo y dio origen a una canción que se volvió viral en YouTube: “Nos quieren quitar la eñe y los niños serán ninos, y las niñas serán ninas, y los años serán anos”.

“Nos quieren quitar la eñe y los moños serán monos, y las piñas serán pinas, los coños serán conos. El otoño será otono, los baños serán los banos y los Logroños, Logronos. Vamos a ordenar las vacas y operarnos los riñones, y el símbolo de Madrid será el oso y el madrono. Las peñas serán las penas y mañana será mañana”.

“La Gran Bretana pretende que suframos estrenimiento y que las suegras nos grunan, por los anos de los anos. Que viva la letra eñe, salerosa y pizpireta. Una letra con peineta”.

Aunque suene raro, los españoles se salvaron por un pelo de que suprimieran la letra eñe, para “ser más europeos y no tan salvajes”.

Así estamos nosotros y nosotras desde que nos dio por reivindicar los derechos de las mujeres, asesinando el idioma, y mientras los feminicidios aumentan descontroladamente, porque el macho primitivo alfa se cree dueño y señor de ‘su hembra’, la considera su propiedad privada y una bolsa para tener sus hijos, los gobernantes y gobernantas se concentran en darles a esas mismas hembras que asesinan, un status mayor en el estricto sentido ‘gramatical’.

¡Dejémonos de vainas! No terminemos también quitando las eñes y los Ñoños serán los nonos, y el ñame nos sabrá a name, las uñas serán las unas, la ñapa será la napa, la caña será la cana. Ya suficientes cosas nos han quitado, y nos sigue quitando este gobierno, que no da pie con bola, y parece abonado con boñiga, que huele a podrido. A cano podrido.

Están haciendo ‘anicos’ la paz, siguen ‘enganando’ a los campesinos, senoras y senores. Nadie se estremece con los hallazgos de Dabeiba, un genocidio propiciado por militares y paramilitares. Nos distraen con noticias artificiales para que no reaccionemos. Ridiculizan las declaraciones de Aída Merlano para convertirla en un muneco o muneca más, vuelta meme, mientras planean como callarla del todo. Y ñosotros ños quedamos tan campantes, tragando ‘nona’ a diario, sin decir ni siquiera ‘cono’.

***

PD.
Y seguimos, como dice la Real Academia de la Lengua, empeñados en marcar la diferencia de sexos utilizando generalmente palabras mal empleadas. “Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico”. Seguiremos escribiendo en genérico, tanto masculinos como femeninos. La Victoria, la Persona, el Editorial, el Cólera, el Estado. Que viva la eñe, que vivan las comas, que vivan el punto aparte y el seguido, que vivan los genéricos, sí o no, querámoslo o no, pertenecemos a la misma especie, aunque disfrutemos el sabor de ciertas especias.

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