¡Gamberros!

¡Gamberros!

Abril 08, 2019 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Atravesado. Malo. Amoral. Degenerado. Alborotador. Vándalo. Delincuente. Incivil escandaloso. Estas son algunas de las definiciones de los académicos sobre el adjetivo gamberro, como se les llama en España a estos personajes.

Gamberros son todos los terroristas, cobardes, encapuchados, resentidos, que cuando les viene en gana convierten la Universidad del Valle en un campo de batalla a sabiendas de que la autoridad no puede entrar en sus predios y que son intocables.

Se sienten con licencia para matar, amenazar, incendiar buses, vandalizar y formar el caos, lanzar papas bomba y otros artefactos potencialmente letales a diestra y siniestra. Simplemente porque sí. Porque se les dio la gana. Una minoría resentida, con odio visceral hacia todo y hacia nada.

Tuvo que pasar lo que pasó. Que fueron víctimas de su propio inventó y la bomba les estalló encima. No alcanzaron a lanzarla. No me alegra lo sucedido, pero es inaceptable que en las narices del profesorado, de los miles de universitarios que acuden a estudiar, de los guardas de seguridad, de las cámaras, se les cuelen como perro por su casa estos delincuentes desadaptados y pasen desapercibidos hasta que estalle la dinamita, literalmente, en sus propias caras. Sí, las caras de toda la población universitaria.

Es inadmisible que hayan tratado de alcanzar el helicóptero de la Policía. Es inadmisible que estas cosas sigan sucediendo sin que jamás pase nada, hasta este episodio donde sí tomaron cartas en el asunto los directivos, que siempre se lavan las manos y no ‘se untan’ de estos desmanes.

Me parecen soberbias y torpes las declaraciones del señor rector. Muy sobradito afirmando que no pueden tener la suficiente seguridad para controlar a todo el que ingresa al campus y que la Policía jamás podrá ingresar en estos predios del saber.

Es bueno que recuerde, desde su olimpo académico, que los caleños estamos mamados de estos desmanes, donde jamás se conocen sanciones, donde todo pasa y nada pasa. Donde la Avenida Pasoancho y la Calle Quinta estén a diario a merced de los vándalos que ‘se cuelan’ para sembrar el terrorismo, el pánico entre los transeúntes dejando a los del Esmad como carne de cañón porque si para algunos de ellos la autoridad resulta lesionada, pues pasa nada, pero si a alguno de los ‘intocables’ le dan un empujoncito se forma el desmadre.

La Universidad del Valle tiene la obligación de impedir estos hechos vandálicos. Tiene la obligación de saber quiénes son los encapuchados, dónde se reunen, dónde preparan las papas bombas, cómo pasan los explosivos. Tiene la obligación de saber por dónde entran los jíbaros cargados de droga, dónde la venden. Tiene la obligación de garantizar la seguridad, no solo de los alumnos, sino de la sociedad civil.

La Universidad del Valle, una de las mejores de Colombia, orgullo del
departamento, no puede seguir alcahueteando que cada vez que una manada de gamberros quiera acabar hasta con el nido de la perra lo pueda hacer. No más. La universidad no es un recinto sagrado cuando permite terroristas dentro de sus predios. No se puede comulgar con Dios y con el diablo.

Una cosa es la protesta pacífica, ideológica, fundamentada y otra muy distinta la permisividad con actos vandálicos. ¿Por qué detienen a un marihuanero en un parque y por qué dentro del campus sagrado se le permite consumir al que quiera toda clase de alucinógenos, además de comprarlos y venderlos? ¿O es que el rector tampoco se ha dado cuenta de la manada de drogadictos que alberga?

¿Hasta cuándo?

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