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El ojo del huracán

Junio 07, 2021 - 11:40 p. m. 2021-06-07 Por: Aura Lucía Mera

En este momento el ojo del huracán que quiere arrasar con el país es Cali. Se veía venir y se sabía. Cali es la ciudad donde está representada Colombia entera. En los Santanderes viven los santandereanos. En Pasto viven los pastusos, en Popayán viven los payaneses, en Medellín viven los paisas, en Barranquilla los barranquilleros, en Cartagena los cartageneros, en Neiva los huilenses, en Ibagué los tolimenses, en Pereira los pereiranos, en Manizales los manizalitas, en el Chocó los chocoanos, en Valledupar los vallenatos. Y así, cada capital tiene sus habitantes de origen.

Pero Cali, que fue apenas capital en 1910, se formó como un cruce de caminos al iniciarse la vía férrea y la carretera a Buenaventura. Y llegaron los antioqueños, los caldenses, los caucanos, los nariñenses, los caribeños, los guajiros a trabajar a buscar oportunidades, más los vallunos que abandonaron Buga, Palmira, Pradera, Zarzal, Cartago, Tuluá y se asentaron en Cali. O sea, en la práctica somos una ciudad sin identidad ni raíces.

Después llegaron todos los desplazados por la violencia política conservadora-liberal, los desplazados por las guerrillas, por los paramilitares, sobrevivientes de todos los departamentos buscando salvar lo que quedaba de sus familias.

Para completar la cereza del postre llegaron los carteles de la droga que se apoderaron de media ciudad, llenando de casas ostentosas antiguos barrios residenciales, formando nuevos barrios traquetos y apoderándose de haciendas.

O sea, pasó Cali de ser un pueblito de catedral que ni siquiera atravesaba su propio río a convertirse en una olla de presión de tres millones de habitantes, llena de invasiones, inequitativa, y aglomerada entre el río Cauca y la cordillera occidental. Al norte se estrella con Yumbo y sus olores fétidos y al sur con Jamundí. El oriente y el occidente son ciudades paralelas que se desconocen y se excluyen. El oriente queda debajo del nivel del río y Dios no lo quiera, si el Jarillón cede, la ciudad desaparece del mapa, como Armero, porque además de inundar las viviendas de más de un millón de personas, arrasaría con las plantas eléctricas y de agua.

No estoy de acuerdo en que la clase media no existe. Al contrario, gracias a ella Cali se ha convertido en una capital pujante y emprendedora. Y lo que antes eran invasiones infrahumanas se están desarrollando como barrios dignos, gracias a las vías de comunicación, ejemplo la avenida Ciudad de Cali, la Suroriental. El centro educativo Nuevo Latir, el coliseo María Isabel Urrutia, nuevas escuelas, parques recreativos, espacios verdes, estaban cerrando esas brechas.

Pero llego el Duque y su equipo de los siete enanitos y la olla estalló. El paro ha podido arreglarse de otra manera, no cerrándose al diálogo ni a las protestas justas de una juventud que reclama más oportunidades en salud, educación y vivienda.

Cali es la voz de Colombia entera. Esa estrategia del Gobierno central de dilatar y dilatar se ha convertido en una rapiña política en cuasi vísperas electorales. Y no me cabe la menor duda de que el salvajismo de muchos “vándalos” es financiado por la ultraderecha, así como los “civiles armados” o policías obedeciendo órdenes precisas.

La ultraderecha aviva la llama, convierte a Petro en el nuevo Nerón. La estrategia es elemental pero sangrienta, porque está cobrando vidas inocentes, de una manera fría, calculadora, inaceptable, trágica. Como escribió alguien en un chat: “Seguir creyendo que el castrochavismorusosocialistafarianoelenista esta impulsando el paro es una desconexión de nuestra historia y de nuestra realidad. Y sin sentido colectivo de humanidad no vamos a salir de esta”.

Me robo las palabras de Duvalier Sánchez sobre la estrategia del uribismo: “El objetivo es dividirnos hasta el punto de impedir un cambio de gobierno, no están pensando en el paro o en resolverlo, lo único que les importa es mantener el poder y evitar la justicia, ellos son una minoría sólida, nosotros en cambio somos una mayoría dispersa y dividida”

PD. Un poco de cordura por favor, ni un muerto más. ¡Cali es la voz de toda Colombia! ¡Dialogar es el único camino! Lo de más son crímenes de lesa humanidad.

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