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¡Cambiar el mundo!

Agosto 10, 2020 - 11:40 p. m. Por: Aura Lucía Mera

Esta pandemia nos ha hecho un regalo a todos los habitantes del Planeta, a cada uno, uno por uno, así seamos millones los coronahumanos que lo habitamos, lo aplastamos, lo irrespetamos y otras maravillas. Es la oportunidad única, irrepetible, de cambiar al mundo, que es más fácil y más difícil de lo que creemos pero que si ponemos disciplina, buena voluntad y humildad, lo lograremos.

Está demostrado hasta la saciedad, que la realidad no es lo que vemos sino como la percibimos, y el cambio de nuestra percepción puede cambiar ese mundo para cada uno de nosotros.

Nadie ve el mismo paisaje, dos personas en un auto transitando por el mismo camino están experimentando y viviendo sensaciones totalmente diferentes. El conductor está mirando hacia el frente, concentrado en la ruta, en las curvas, en la distancia entre carro y carro, en poner los direccionales, y el pasajero a su lado está embobado de éxtasis, mirando la frondosidad de las ceibas, la imponencia de los samanes o los colores del atardecer. Van juntos, se dirigen al mismo destino, pero cada uno ha vivido un viaje diferente.

Nadie ve la luna llena del mismo modo, ella está resplandeciente, brillando, pero si estamos en el campo es una luna, si nos encontramos en la terraza de un edificio es otra luna, si una nube se atraviesa no hay luna. Y la luna es la misma.

Y así es la vida, todos la experimentamos de forma diferente, nadie la vive igual, nadie siente igual, la misma noticia produce diferentes respuestas emocionales. La vida puede ser un continuo aprendizaje o un valle de lágrimas y estiércol, depende de cada uno. De nuestra percepción.

La pandemia nos ha regalado la igualdad, todos a confinarse, a taparse nariz y boca, a lavarse las manos, ricos, pobres, africanos, chinos, europeos, niños, viejos, adolescentes, somos un común denominador que obedece a una premisa precisa. No hay excepción. No existe sofisma de distracción.

¿Cómo podemos cambiar el mundo? Cambiando nosotros. Si yo cambio, mi mundo cambia, mi entorno cambia, mis relaciones cambian, mis emociones cambian. La salida está hacia adentro. Conócete. Vive el día.
No te proyectes. Si tienes una pata en el pasado y otra en el futuro te estás cargando el presente. Vive y deja vivir. Acepta que el único cambio posible es al interior, vuélvete tu mejor amigo.

Estas frases que ya son cliché y que están tan usadas, manoseadas y repetidas son las claves, gústenos o no. Si somos capaces de interiorizarlas y meterlas dentro del corazón, cada día, solo por un día, iremos notando un cambio. Exige aplacar la mente, que es la loca de la casa y la causa de todos los problemas que nos vuelve la vida un infierno de reacciones contradictorias, violentas, que nos hacen sufrir y desperdigamos este sufrimiento a nuestro entorno.

Como dijo alguien, “si tengo limpios mis diez metros cuadrados y mi vecino también y otro también, y si limpio mi ventana y mi vecino también y el otro también, y si siembro una planta y mi vecina también y la otra también, pues los resultados se verán. Y así con todo. Limpio mis pensamientos, lavo mis emociones, siembro mi maceta de esperanza, vivo mejor y contribuyo a un mundo mejor. ¿Por qué no?

***

PD. Somos tan enfermos como nuestros secretos, ya no hay nada inconfesable. Si aprendemos a decir No sin sentirnos culpables ni con miedo al rechazo, encontraremos la verdadera libertad. Le apuesto a esta clase de vida. ¡Hoy limpio mi ventana interior!

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PD 2. Ya llega el Oiga, Mire, Lea. No hay disculpa. Este confinamiento nos regala el tiempo y la oportunidad de encontrarnos con la potencia incontenible de la palabra escrita y navegar en ese océano sin límite de las letras, de sumergirse en sus aguas mágicas, sabias, tremendas, suaves, feroces, gélidas, hirvientes, suaves y seductoras, hirientes y tajantes, enriquecedoras. Porque la palabra escrita es la puerta de entrada a nuestro mundo interior.

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