¡Ajúa, Conat, ajúa!
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¡Ajúa, Conat, ajúa!

Marzo 01, 2021 - 11:40 p. m. 2021-03-01 Por: Aura Lucía Mera

Con este grito guerrero finalizó el viernes pasado el presidente Iván Duque su incendiario discurso en Tolemaida, cuando firmó la partida de nacimiento de la Conat, un nuevo comando militar conformado por siete mil miembros de las FFAA. Siete mil jóvenes colombianos escogidos (no reclutados) para ir a una nueva guerra para “golpear, capturar, dar de forma audaz y contundente” y destruir totalmente las estructuras del narcotráfico en Catatumbo, Putumayo y Cauca, y luchar contra todas las amenazas transnacionales (?).

El grito inesperado sorprendió a los altos mandos y sus tropas. Como si Tarzán de repente se hubiera descolgado del bejuco para acabar con el león. Ese alarido es conocido, pero poco usado, entre los militares como símbolo de ánimo, arrojo, justicia, unión, abnegación. Sin embargo, a los imberbes que envían a la guerra los asustó.

Me suena que este nuevo Comando sea el fruto de los militares gringos que importó el exministro de Defensa Holmes Trujillo. No puedo comprobarlo, pero blanco es gallina lo pone y ‘ajúa’ se come.

Da grima, por no escribir desesperación, ver que la sangre seguirá derramándose, que caerán muchos jóvenes (que no estarían cogiendo café), campesinos inocentes acorralados entre dos fuegos, mineros ilegales sacados del sombrero del ‘ajúa’ y más líderes sociales ya rotulados de antemano.

No nos acabamos de reponer de los más de seis mil asesinatos a sangre fría, esta aterradora revelación de este conflicto, degradado, de los mal llamados falsos positivos. Todavía no se han encontrado todas las fosas comunes, ni se sabe el paradero de cientos de desaparecidos; la sangre sigue fresca, los recodos de los ríos no han terminado de contarnos sus macabros secretos, la impunidad sigue rampante, donde los verdaderos responsables se lavan las manos, minimizan y se atreven a negar. Cuando de pronto nos llega a quemarropa este grito de “Ajúa, Conat” con toda su artillería pesada dirigida a los territorios más vulnerables del país.

Me pregunto cuántos millones de millones habrá costado este Conat, en armas, municiones, helicópteros, paracaídas, suministros de combate, aviones, entrenamientos. Y la lista sería infinita, mientras Buenaventura no tiene agua ni colegios, el Putumayo es tierra de nadie, el Cauca se fragmenta y el Catatumbo es simplemente para provocar un conflicto mayor con Venezuela (esa obsesión compulsiva del Ajúa Presidente actual).

Me pregunto si más de medio siglo de sangre entre hermanos no nos ha enseñado que la vía militar no es la solución, que la guerra contra el narcotráfico está perdida de antemano porque constituye el negocio más poderoso del mundo y porque los verdaderos capos no son los nuestros, sino que están en Norteamérica, Europa, Asia, África y Oceanía.

Me pregunto si Duque y su gabinete de circo trágico no se ha enterado aún que Colombia pide a gritos es presencia del Estado en las zonas abandonadas. Educación, trabajo digno, salud, vías. Y no más muchachos armados con bombas y metrallas obligados a perseguir otros hermanos. Mientras generales, ministros, gobernantes siguen a salvo en sus trincheras.

Las bombas no caerán en la Casa de Nariño ni en la Cancillería, ni en los cocteles de la elite donde se esnifa la coca más pura, ni en el techo de ningún banco privado, ni en los barrios altos. Caerán los paracaídas y las bombas en los techos de viviendas humildes en medio del campo, se volverán a matar campesinos contra campesinos. Que yo sepa ningún alto mando se jugará la vida. La vida es sagrada para los que ostentan el poder, no existe para los que son carne de cañón. El alarido de “ajúa” no va dirigido a los empresarios ni a los verdaderos capos, sobre los pobres que batean el oro manualmente y no contra las dragas de las multinacionales. ¡Qué horror!

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PD. El olor a una nueva sangría ya se siente. Se masca una nueva tragedia nacional. ¡Ya el grito gutural se lanzó!

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