Inocentes y guerra sucia

Julio 28, 2022 - 11:40 p. m. 2022-07-28 Por: Alberto Castro Zawadsky

El bombardeo de Ucrania, orquestado por Putin ha sido criticado por Zelensky y otros líderes como “guerra sucia”, siguiendo una distinción que la humanidad, en su afán de disfrazar la barbarie ha logrado generalizar.

El concepto va muy en consonancia con el de ‘víctimas inocentes’.
El uso generalizado de ambos términos ha llevado al concepto de niveles de violencia aceptables. Si se agregan además elaboradas disquisiciones ideológicas, las guerras adquieren la pátina de justificables.

Si los pasajeros de esta agitada nave que llamamos planeta Tierra, quieren de verdad avanzar en civilidad deben pensar en eliminar por completo el recurso de la guerra como medio para zanjar sus diferencias y acabar con toda justificación de la violencia.

La historia está hecha de horrores que han sido glorificados con estatuas, pinturas, películas, literatura, poesía y muchas otras expresiones culturales que logran envolver la crueldad humana en un aura romántica.

La realidad es que nunca se ha dado una guerra limpia. Todas generan una cadena grotesca de atropellos y violaciones a todo lo que podríamos llamar humanitario. Cuando se revisan quitándole la espesa capa de disimulo que suelen aplicar los vencedores, se revela todo el sufrimiento.

El término ‘víctimas inocentes’ implica que la guerra puede quemar, destrozar, desmembrar a unos muchachos que unos meses antes se llamaban niños y merecían toda la compasión y cuidado de la sociedad. Se los recluta a la fuerza, se los uniforma y se los entrena para obedecer órdenes de matar sin pensar, sea hundiendo una bayoneta en el pecho de otro mientras comprueba en su cara de horror que podría ser su hermano, o sea con impersonales métodos como apretar gatillos o hundir botones para terminar descuartizando o quemando vivo al que solo se diferencia por el color de la ropa.

El término lo repiten políticos y periodistas con aparente preocupación humanitaria cuando en realidad están implicando que hay muchos ‘no inocentes’. ¿Son acaso esos pobres muchachos culpables? ¿De qué? ¿Se merecen la desmembración o la muerte? ¿A cuenta de qué? Es la misma confusión moral de los familiares de los secuestrados cuando comentaban, en medio de la consternación, que la víctima no había hecho nada para ‘merecer’ el secuestro, porque en realidad no era tan rico.

Los únicos no inocentes son los que idean, justifican, planean y dirigen las guerras. Los que mandan a que otros se maten. Y ya sabemos que no solo no les pasa nada, sino que terminan en bronce, montados en un pedestal, cuyo tamaño es directamente proporcional al número de muertos y mutilados que generaron sus guerras.

Se podrá argumentar que es gracias a los valientes héroes guerreros del pasado que somos libres, e ignorar a todos los que han logrado liberaciones y cambios sociales con el inteligente recurso de la no violencia activa. Pero, en esta época de integración de la humanidad en la que se han logrado derribar, al menos en teoría, todas las atrabiliarias ideas y prejuicios que llevan a odiar al prójimo, no queda sino la estupidez como herramienta para aplaudir, defender una guerra. No hay guerra limpia y todas sus víctimas son inocentes.

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