Violencia entre pandillas sigue atemorizando a los habitantes de Puerto Tejada

Violencia entre pandillas sigue atemorizando a los habitantes de Puerto Tejada

Enero 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Violencia entre pandillas sigue atemorizando a los habitantes de Puerto Tejada

Las casas abandonadas en los barrios de Oriente hacen parte del panorama, invariable desde hace varios años, en Puerto Tejada. Policía realiza operativos para combatir el accionar de las pandillas.

En Puerto Tejada, pocas cosas cambian. Las pandillas siguen atemorizando a la gente y dejando salpicaduras en la pared. Tres muertos durante los primeros días del año son la consecuencia más reciente del enfrentamiento.

"Lo que pasa aquí no solo pasa aquí. Lo que pasa aquí se ve más porque esto es un pueblo. Pero yo no sé qué es lo que pasa: se habla, se habla y los muchachos no entienden. En todo caso toca seguir dialogando con ellos, proponerles alguna cosa…” Lea también: Pandillas, tras ola de violencia en Puerto TejadaMientras habla, Jamir Carabalí se soba la cabeza. Es un gesto involuntario pero con mucho sentido en su condición. Si se quiere, casi un intento por peinar sus pensamientos. Sentado en su casa con la puerta abierta, la vida se ve pasar a medias por la calle del barrio La Esperanza, en Puerto Tejada. Carabalí, de frente a la puerta, está acomodado en un sillón, de pantalones cortos y una camiseta del Barcelona; cuando muchacho fue futbolista, un central potente que jugó en Millonarios y hace más o menos diez años se retiró del profesionalismo. Ahora él tiene 47 y un parche de látex cubriéndole el ojo izquierdo: a la una de la mañana del primero de enero, ahí afuera, a unos cuatro o cinco pasos, una bala perdida se le atravesó en la mirada mientras se abrazaba con los suyos celebrando la llegada del año nuevo. Apenas escuchó el disparo se agachó detrás de un muro pero ya fue tarde.Cuando habla de “los muchachos”, Carabalí habla de las pandillas que se matan a tiros en casi todas las esquinas del pueblo. Según la Policía en este momento son siete y no quince, como hace unos años decían los conteos de la violencia. En su inventario únicamente están Los Pumas, Los Escaperos, Los 23, Calle 13, Los Cochinoles, Los Machado y Los Dandys.En el barrio La Esperanza, donde Carabalí vive con su familia, Los Pumas viven de hacerle homenajes a la fiereza del nombre que los agrupa como clan. Desde el día en que balearon al futbolista, hasta el 4 de enero, la confrontación con otros bandos que se casan a muerte acabó con la vida de tres personas en esas mismas calles: un jugador sub 17 del América de Cali y los hermanos, de 33 y 39 años, John Jairo y Víctor Leonidas Hidalgo. En el tiroteo un niño de 4 años quedó herido. La noche del pasado lunes, la tumba de Fabio Andrés Banguero, asesinado en el parque principal el primer día del año, fue profanada: rociaron los restos con gasolina y les prendieron candela.Para el capitán Luis Antonio Blanco, que desde hace ocho meses está al frente del Comando de Policía de Puerto Tejada, el problema del pandillismo en el pueblo se deriva de la descomposición familiar más que de otra cosa. Según él, allí la pelea no es por el control de líneas de droga sino por el cobro de pequeñas deudas de honor: una gorra robada, una bicicleta que no aparece, un insulto, una amenaza. O a veces una muchacha. “Aquí ocurre lo mismo que en otras partes, los estereotipos que marcan la temprana edad en condiciones de pobreza: la moto, la hembrita y el fierro”.***El problema es la forma en que desde hace un tiempo se viene perpetrando el cobro de esas ofensas marcadas entre bandos en guerra. En el 2010, por ejemplo, el enfrentamiento entre Calle 13 y Los Escaperos, una noche reventó en una emboscada con granada que dejó una menor muerta y a veinte personas heridas en el barrio Carlos Alberto Guzmán. En una casa abandonada, los unos se agazaparon esperando la reunión de los otros, y cuando los tuvieron a tiro lanzaron el artefacto sin importar los inocentes. La chica que murió, Darly Paola Montaño, tenía 16 años.En aquel entonces, cinco años atrás, las autoridades dijeron que tal barbaridad solo podía ser consecuencia de una pelea por controlar sectores con dos únicos propósitos: atracos y venta de droga. Para ese momento la Policía tenía identificados doce expendios en las calles pobladas por apenas un poco más de 45.000 habitantes. La hipótesis de la Policía es que las Farc habían establecido vínculos con las pandillas, razón por la cual armas como la granada que estalló en el Carlos Alberto Guzmán estaban llegando a sus manos. La explicación era lógica teniendo en cuenta que Puerto Tejada, a menos de una hora de Cali, está a pocos kilómetros de Toribío y Corinto, trincheras históricas donde la guerrilla no solo tiene hombres en las montañas y milicias desperdigadas entre la población, sino cantidades inciertas de tierra sembradas con marihuana y coca. La granada, pues, bien pudo ser la recompensa por establecer una línea de alucinógenos en el pueblo o el pago por un par de motos robadas. Cinco años después, asegura el capitán Luis Alfonso Blanco, las cosas son diferentes y las pandillas del presente no tienen lazos con las Farc. Incluso, cree, tampoco los tuvieron en el pasado. En la Puerto Tejada de estos días, revuelta por los recientes asesinatos, él dice que ya no hay tantos expendios de droga porque, entre otros asuntos, el año pasado cuatro ollas fueron desmanteladas. De acuerdo con el oficial, contrario lo que ocurrió antes cuando se calculaban 900 jóvenes pandilleros, hoy sus líderes más visibles no superan los 50.Aún así, los hechos que les atribuyen tienen la proporción suficiente como para que muchas casas de los barrios de Oriente -el sector donde la guerra ha dejado más salpicaduras en las paredes- permanezcan deshabitadas. Nadie sabe cuántas. Nadie alcanza a contar la gente que ha salido huyendo para Villarrica y Guachené, pero sí es posible ver cómo alguna de la gente que se ha quedado, lo ha hecho resignándose a tapar los ventanales con ladrillos por miedo justamente a que la disputa los salpique en sus propias viviendas, tal como le pasó al negro Carabalí en la noche de año nuevo.Casos como el suyo no son extraños. La próxima semana, cuenta Rosa Emilia Herrera, de 85 años, se cumplirá el primer aniversario de muerte de su hermano Floro Esmiro, que sentado en una banca a las afueras de su casa, en la Carrera 14, del barrio Jorge Eliécer Gaitán, encontró la muerte en una bala perdida. A Floro Esmiro lo quería todo el mundo. Era un viejo vendedor de lotería sin arrestos para hacerle daño a nadie, que ya estaba en edad de retiro. La cuadra donde vivía, se supone, estaba libre de pandillas por lo que se supone, también, estaba libre de peligro. Pero en una cuadra así puede ocurrir todo lo contrario, explica una vecina. Según dice la mujer, lo que sucede en lugares así es que, al ser de libre tránsito, un día cualquiera los miembros de combos opuestos pueden terminar encontrándose en el andén; y al pasar eso, al presentir la inquina en el otro, los desconocidos empiezan a dispararse para confirmar que sus odios sí se reconocen. Mientras la Policía habla de no más de 50 líderes visibles al mando de las pandillas, la multiplicación del miedo que se ve en ciertas calles va en contravía de la cifra. En casi todos los barrios de Oriente: Altos de París, Palenque, La Cabaña, El Triunfo, Luis A. Robles, Carlos Alberto Guzmán, por ejemplo, hay fronteras invisibles. Y las de allá son iguales a las de Cali. Igual de largas e igual de mortales. Por esa razón, dice el mayor Guzmán, comandante de Distrito, “hay pelados que no conocen ni el centro de Puerto Tejada por miedo a salir de sus casas”.El lunes pasado, junto a un grupo del Ejército y la Fiscalía, 30 policías adicionales llegaron para apoyar el pie de fuerza. Durante el 2014, 44 personas fueron asesinadas en el pueblo, 156 motocicletas fueron robadas, 224 personas fueron capturadas por distintos delitos y las autoridades incautaron tres toneladas de marihuana.***A los 35 años, Óscar Marino Vallecilla Saa, es más conocido como Big Baison. Ese es el nombre del rapero que construyó, hace ya mucho, cuando decidió que su destino estaría en la música y no en el corte de caña. Al comienzo le cantaba al maltrato que padeció cuando estaba pequeño, de manos de un padrastro. Con el tiempo terminó escribiendo letras que hablarían de la violencia que lo seguiría golpeando: la de las calles en las que creció perdiendo amigos. Cuando intenta hacer la cuenta, ni siquiera intenta utilizar los dedos: “Yo creo que van más de cien…”Big Baison tiene un par de canciones, Barrios en Guerra I y II, que son la banda sonora de todo eso. Himnos del desconsuelo muy conocidos entre la juventud de Puerto Tejada, que en la realidad paralela de Youtube han sido vistos más de 300.000 veces. Barrios de Guerra I, habla de una pérdida personal, la de su primo que terminó en la cárcel. Por ese conocimiento de primera mano, el muchacho dice que es imposible que en Puerto Tejada hayan solo siete pandillas. Cuando intenta el cálculo, los dedos tampoco le alcanzan: en su inventario aparecen 2Pac, Los Pisasuave, Los Placa, Los FZ, Los Guerrilleros, Snoop, Los 23, Los Cafír, Los Macha y Los 7 grandes, entre otros. “Solo en mi barrio hay tres o cuatro galladas. Si hablan de siete pandillas en todo el pueblo, es como que un médico hable de un dolor en un paciente que desconoce. Pero así como hay muchos rebeldes, también hay muchos rebeldes que están cansados y solo esperan una oportunidad, una mano amiga. La pelea de las pandillas, de fondo, de fondo, empezó hace tiempo por enojos, robos menores, ofensas. Ese es el origen”.El alcalde Gustavo Alberto Hincapié cree lo mismo, que todo el lío se desprende de deudas. Pero no ignora que ahora también se suma el microtráfico. Y lo de siempre, la falta de oportunidades: Puerto Tejada, una villa cañera que fue ‘inventada’ hace un siglo para solucionar la mano de obra de los ingenios de caña asentados en la zona, es un cruce de caminos en el que pocos realmente han desarrollado arraigo. En el que pocos realmente se han detenido a pensar. “Aquí los jóvenes no tienen en qué ocuparse cuando salen de estudiar, si no son los ingenios. Y además, por el problema de las fronteras invisibles, el índice de deserción escolar es por ahí del 15%. Entre 7.000 y 8.000 muchachos están en los colegios públicos. Y es ahí donde está la otra parte del problema, el problema no son los 300 o 400 que ahora están en las pandillas, el problema son los muchachos que también vienen detrás”.Eduardo Posada, director ejecutivo de la Fundación Propal, la empresa que más labor social ha desarrollado en el pueblo, cree por eso ciegamente en Jóvenes a lo Bien, un programa que aunque es liderado por la Policía a nivel nacional, nada tiene que ver con acciones represivas, sino con el rediseño de proyectos de vida. La Fundación Propal ha sido un aliado estratégico de las autoridades en la ejecución del programa, que el año pasado graduó a 133 muchachos en diferentes especialidades en los que fueron capacitados con el apoyo del Sena: soldadura, obra blanca, gastronomía, diseño y estampado, panadería. Varios de ellos, antes vinculados a las pandillas, hoy amasan un futuro muy lejos de allí. “Yo creo que es posible, que estos muchachos lo que necesitan es eso, una oportunidad. Estos chicos no tienen los mismos rasgos de los chicos que conforman una pandilla en una ciudad como Cali o Bogotá, es otra cosa, son otra cosa. Yo creo que es posible ayudarlos y creer en ellos, yo los he visto cambiar. Prefiero que me tilden de soñador y no de escéptico”.Mientras se peina los pensamientos, sentado frente a la puerta de su casa, en el barrio La Esperanza, Emir Carabalí, recuerda la historia de otro jugador de fútbol, Didier Drogba. En el 2005, cuando su selección Costa de Marfil clasificó a un Mundial por primera vez, el delantero aprovechó la transmisión del partido definitivo y se arrodilló ante una cámara de televisión para pedirle a los ciudadanos de su país que se perdonaran los unos a los otros, que no se mataran más. Costa de Marfil, para ese momento, llevaba cuatro años de guerra civil que habían dejado 4.000 muertos. Una semana después del mensaje de Drogba, los bandos enfrentados acordaron el cese al fuego y el fin de la guerra empezó a gestarse. Carabalí, con un solo ojo, mira hacia afuera y se soba la cabeza.

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